Silvia Patón Cordero

Helena de Troya


¿Esta mirada tuviste hermosa,
tú ciudadana de Troya, Helena
de Esparta, y esa rubia melena
larga, rizada y más caudalosa

que aquel río que el tiempo no frena
y que en su correr nunca reposa
hasta que el piélago lo enarena?

Si tal Menelao te retuvo,
¿por qué no cuidó de ese tesoro
más que del distante ultraje y el oro
de los dárdanos  que no contuvo?

Pero ya sé por qué no te mantuvo
lejos del parisino  desdoro:
por las ganancias que de ello obtuvo.

 

 



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