Elena Mateos

La fantasía (2° fragmento del relato que había publicado)

El día en el trabajo ha transcurrido como de costumbre. Mucha gente, largas colas, el estresante bullicio típico de estos sitios y la exasperante lentitud con que pasan las horas.
En diversas ocasiones mi mirada se fijaba en un punto, en concreto en una persona, en ese nuevo vigilante de seguridad, quien ha hecho que esta noche me derrita por completo y me halla distraído en alguna ocasión esta mañana.
De vuelta a casa voy fantaseando alegremente con ese chico, tan metida en mis pensamientos que he recorrido el camino inconscientemente y ya me encuentro a dos pasos del portal cuando me doy cuenta.
Me quito la ropa que tanto me incomoda e inmediatamente me meto en la cama buscando dormir esa siesta que tanto me hace falta, pero es una tarea imposible pues mi mente no me deja desviar aquello con que venía absorta y mi cuerpo está de acuerdo con ella.
Empiezo a pensar en él, en ese apuesto y fuerte joven que me atrae tanto, en sus pequeños ojos castaños, su pelo moreno, su sonrisa de pícaro y en ese ajustado pantalón que hace que todo se le marque dejando poco a la imaginación.
Siento como me humedezco a medida que recorro su cuerpo con la mente. Me incita a tocarme. Desciendo mis manos por debajo de las sábanas hasta llegar a mis bragas y hago un poco de presión con la palma de la mano. Cada vez noto más calor en mi cuerpo. Me quito las bragas y las tiro sin mirar dónde, deslizo las manos por mi vientre a medida que asciendo y me toco los pechos, meto los dedos en la boca para empaparlos con mi saliva y los llevo hasta el clítoris donde los muevo con suavidad haciendo círculos y presionando de vez en cuando. Mi cuerpo se retuerce y empieza a emitir gemidos suaves. Introduzco los dedos lo más hondo que puedo y comienzo a moverlos adentro y afuera, cada vez con más rapidez. Siento placer, pero más placer siento aún cuando imagino que es él quien me toca, quien tiene sus dedos dentro de mí y con este pensamiento viene una explosión de sensaciones. Gimo cada vez más fuerte, aumento la intensidad en mi movimiento, estoy repleta de placer en este instante y noto que se aproxima, mi cuerpo se vuelve a retorcer y esa sensación estalla por completo y me corro, me dejo ir al mismo tiempo que lanzo ese último gemido.
Estoy empapada en sudor, así que me doy una ducha, me pongo mi ropa vieja de andar por casa y voy a la cocina en busca de algo que sacie mi sed. Cuando me recompongo, me doy cuenta de que xxxx no está en casa, ni siquiera me había fijado cuando llegué, es un alivio que no halla oído mis jadeos.
Una vez he bebido algo me vuelvo a la cama, esta vez sí, a conciliar el sueño durante una hora.

Comentarios3

  • Cesar de la Noval

    Elenita, he sentido fogaje a larga distancia. Escribe mas de estas historias, aqui tienes a un lector

    • Elena Mateos

      Muchas gracias, la primera parte de este mismo relato la tengo en mi perfil, publicada de hace tiempo. Aún me quedan dos fragmentos más. Me alegra que te guste. Saludos.

    • Dialec

      Siento que leo a Marques de Sade. Me encanto.

      • Elena Mateos

        Muchas gracias, me alaga recordarte a tal filósofo y escritor, la primera parte de este mismo relato la tengo en mi perfil, publicada de hace tiempo y dos fragmentos restantes de este relato que publicaré próximamente. Un saludo

      • Alejandro O. de Leon Soto

        Interesante intervención poética, con tintes eróticos de bella calidad -viéndolo con ojos de lector de poesía- , me encanta la forma ágil con que la desenvuelves y la llevas a buen puerto. Te felicito y mi admiración en camino.
        Abrazos

        • Elena Mateos

          Muchas gracias por tus palabras, me alegra provocar sensaciones tan buenas. Un saludo.



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