Nicolás Rangel.

Adornando cicatrices.

¿Duele?

Quizá aquellos animales

que parecían mariposas

están devorando tus entrañas

y suben despacio,

sin prisa,

hacia donde se encuentra tu corazón.

 

Cierra tus ojos

y recuerda

todos aquellos besos

que te hicieron parte del universo.

 

Recuerda

cuando fuiste una estrella

la más bella,

la más brillante,

la más lejana.

 

Lamento que hayas tenido que bajar

porque nunca hubo alguien,

que tu nombre,

pudiera gritar tan alto,

para poderte alcanzar.

 

Porque nunca nadie

te dio el amor tan fuerte

y aún así

lo confundiste con poesía.

 

¿Duele?

¿Aquí?

Pero no hay nada,

tendría que existir un latido

pero solo hay un eco.

 

Retazos de recuerdos

que se aferran

a la orilla de un nombre

de más desgastado

por tanto pronunciarlo

sin alivio de respuesta.

 

Dicen que el dolor

debes aprender a tragarlo

con las manos,

empapar tu cuerpo

con el mar que brota de tus ojos

y renacer con el nuevo sol

cociendo tus heridas

para que tu alma

destrozada

no te pueda abandonar.

 

Cicatrices les llaman

a esos sitios

donde hubo guerra

y pérdida.

 

Donde únicamente

vive la memoria.

 

Te duele

lo sé,

pero no mires atrás

procura olvidar,

pero olvidar de verdad,

que es lo más parecido a perdonar.

 

No mires atrás

recuerda aquella historia,

puedes convertirte en sal.

 

Ven, acércate

no es el fin,

construye un nuevo camino

entre aquella hierba

y prepárate

para nuevamente

lastimarte con la belleza de las rosas.

 

Y cuando sanen tus alas

procura volar,

pero nunca cerca del sol.

 

Y vuelve a caer

despídete del cielo,

suelta tu paracaídas

y entrégate de nuevo al misterio.

 

Que de eso se trata la vida

de llegar al final

con el cuerpo destrozado

y el alma exhausta.

 

Vamos, sonríe

ya pasará

y esto no será más

que un bello adorno en tu alma.

 

Eres hermosa,

tienes una luna pegada a tu boca

y cientos de colores

resbalan por tus mejillas

cada que sonríes.

 

Eres preciosa,

un mar cristalino

vive en cada uno de tus ojos,

que son espejos,

y pareciera que siempre miras al cielo

porque ahí

se reflejan todas las estrellas del universo.

 

Todavía duele,

te entiendo,

toca mi pecho

verás que ni el amor,

ni la poesía,

han logrado librar

estragos violentos

en mi interior.

 

Es linda, ¿no es cierto?

tan grande como olvido

tan exacta,

que nunca olvida mis batallas.

 

¿Qué quién me hizo esto?

es mi pecho,

es mi alma

y no lo sé

afortunadamente

ya lo olvidé.

 

 

©NicolásRangel/Reservados todos los derechos. Septiembre, 2016.



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