Alexander Cambero

Acantilados


Cuando pienso en el amor reapareces en mis sueños, no existe instante en donde no estés; cada momento en la perpetuación de un sentimiento que no se acobarda ante las dificultades. Te llevo esculpida en lo más profundo del alma, te hiciste eterna viajante de mis océanos interminables, eres la brújula de los vientos en la plenitud de todas las banderas. Y más allá del silencio un tórrido amor te espera en los acantilados, un corazón que flota recordándote en el plenilunio; escribo tu nombre en la blanca arena de hechizos y sibilinas palabras de fuego. Ojalá comprendas que este amor es para siempre...


Pienso en el verdadero amor que por ti siento ¡te veo!
veo esperanza venir en acantilado de sueños,
donde permanezco suspendida en el vació,
y quisiera caerme en la pendiente vertical
abrupta de los sentidos oír palabras sin motivo
en el batir del oleaje de nuestro mar cercano,
cuando de caricias golpea la roca sin malicia,
y verte en la montaña inmensa impenetrable
abrazada a soledad a todas horas sin justicia
llena de lamentos y suspiros, amores y delicias
porque siempre llevo en mi alma tu presencia
huella indeleble hecha de tristeza y primicias
el mar gotea su llanto en mis ojos que agonizan,
cuando deseo con ansiedad volver a verte,
en el palpitar del corazón preso en tus redes.
¡Ah! y como quisiera ser en cada marejada,
la roca que golpea tu ola y confundirme,
en las espumas de tus pasiones y miedos,
ser primavera de tus inquietos sueños,
y ser el efímero ideal de tus deseos,
recuperar tiempos del pasado perdido,
Hacer realidad sueño fugaz de dos amantes,
cuando volcados al placer del amor ardiente,
izaron su bandera de la felicidad primera,
una mañana frente al mar jurando regresar,
Pero fue grande la ceguera de tus ojos,
y frío tu corazón a mis celos y enojos,
que sentí la brisa helada del desprecio,
y conmovida fue mi alma a tal agravio,
que prefirió morir de dolor entre sus letras,
a competir con tus cálidas bellezas.
¿Como creer que quieres regresar a mi mundo?
de sueños imposibles donde nunca te marchaste,
para recrear de nuevo aquel amor azul de quimeras
de floridas montañas, del mar de las estrellas
Raquelinamor


Estas en mis manos quietas,
estas en mis palabras silenciosas,
cual roca en la tormenta
recibes aparente inmutable
toda la torpeza de mi alma rota.
Aquí estoy yo, al borde de los Acantilados,
extendiendo mis alas desgastadas
para invitarte a volar a mi lado.
Y si por azares del destino nuestras
alas tomaran otros caminos,
me encontrarás en los mismos Acantilados
soñando contigo.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.