Polo Piceer

El Sueño de Adán

Sueño con una mujer sin rostro que avanza

desde la oscura rendija de la puerta hacia mi cuerpo indefenso,

inmóvil y postrado en el diván, a merced de su apetito.

 

Y avanza despacio con puñales por manos cuyas sedientas puntas,

apenas se hace sitio junto a mí, me clava por entre las costillas,

arrebatándome la soledad.

 

Y es entonces, que abriendo los ojos sin despertar del todo, y sintiendo

el devenir del martirio -o el alivio, ya no sé-, cuando dudo del encanto 

de los sueños y descreo en su irrealidad, tras encontrar al otro lado

de la cama el más árido de los vacíos en la mancha añeja de mi sangre,

que escurrió alguna vez por entre mis costillas, arrebatándome la vida.

 

De Un Diván en el Desván. 



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