argantonio

Increíbles dones

Tan absurdo como un condenado a muerte

con un reloj de pulsera.

Tan icongruénte como un valiente cazador

con una exacta lupa.

Tan alocado como atravesar el estrecho de

Magallanes en chalupa.

Tan despistado que quería ver la Bella Durmiente

en la Cueva de la Canastera.

 

Tenía un reloj para nada en aquel país

nadie tenía prisa.

Tenía un gusto raro pues se divertía en

los velorios.

Como era una marquesa en ruinas se vestía

con abalorios.

Aquella mujer era tan amable que ni muerta

perdió la sonrisa.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.