Eikasia

S9

Ahora quiero que estés acá y vallamos a comer las hamburguesas con papas que tanto te gustaban de acá a 4 cuadras de casa, las del hombre que no para de hablar y es excesivamente amable, el canoso que es mas alto que yo, que todavía pregunta por vos y yo, yo no se que decirle.  

((Por cierto, tengo una tonelada de saludos para vos que tengo que darte, pesan demasiado, capaz un día valla y te los de todos juntos, tendría que acomodarlos en cajas...separarlos por orden alfabético y grado de repetición o verborragia.))

Pero su negocio ya quebró, su comida era demasiado abundante para los precios tan bajos que tenia, creo que era lo que mas nos gustaba...el precio. Tanto que nos aguantábamos esas largas anécdotas llenas de errores de auto comprensión y la tenebrosa relación con su mujer maestra de primaria, que parecía un esqueleto andante y siempre dispersa en un mundo inalcanzable para simples comensales como nosotros.
Ahora, en su lugar hay una tienda de ropa de lo mas linda, siempre paso y miro los dos únicos maniquíes que tienen, siempre ropa linda, siempre un lindo olor sale de ahí adentro. Las chicas que atienden, sin embargo, son bastante bastante...aristócratas con los clientes y también conmigo que apenas estoy mirando la ropa como cualquier humano/consumidor y ellas casi automáticamente, casi como que me olieran, casi como que me odiaran, no tardan en clavar la despectiva mirada que atraviesa el cristal y sube desde mis zapatillas blancas que me encontré por el Abasto una noche de latitas de cervezas en mochila con mi amiga Dadri, hasta mi pelo que disfruto tanto tenerlo largo y corto al mismo tiempo.

Todavía siento el frio en mi espalda cuando pregunte por el precio de un vestidito blanco para mi hermana, que tan bien le vendría y tan bien le quedaría. Casi cortando mi rostro con las palabras balbució un precio altísimo que luego de mi interrogante exclamación bajo casi a más de la mitad. Un frio parecido pero mas aplastante fue el de creer verte en el rostro y pelo de 4 personas hoy, que poco y nada se parecían a vos y haberte soñado en el Parque de la Costa cubriéndote de la lluvia y prestándote ropa para que no te enfermes, porque claro...la que tenias, la única ropa que tenias, ya estaba mojada, perdón pero jamás fui bueno con los paraguas, menos con los techos desamblados de las mesitas que dejan en la calle los lugares de comida rápida.



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