Samuel Santana

Indiferencia

El vuelo impertérrito

de un cuervo me zarandea,

como un reloj sin tiempo,

buscando siempre el rumbo

de mi corazón.

El humor turbio

del cielo lo acompaña.

Pienso en una conspiración

de las cosas para postrar

mi alma en la confusión.

Ya me llega el vaho a pueblos

sin pan desde tortuosas fronteras.

Con atuendos negros

y el valor en el aire,

lloran las madres por los

linderos de la plaza.

El grito es siniestro y

llega hasta el corazón

de los cementerios mugrientos,

con el mismo ardor de

la tierra sin agua,

derrumbando los cimientos

de las palomas y de las

estatuas sin manos.

Los oídos de quienes

deben oír,

desgraciadamente están

empapados de alcohol

y de alcoba indiscreta.

Comentarios2

  • Beatriz Blanca

    Es cierto; los que deben oír, siempre miran para otro lado. Es muy doloroso comprobar que los mismos pares encuentran eternas justificaciones para los latrocinios que se cometen. He escuchado tantas veces, que ya lastima; "algo habrán hecho para que les suceda." ¿Puede justificarse el asesinato? ¿La desaparición? ¿La tortura?
    De mañana me he encontrado con una verdad que siempre, en mi larga vida me ha golpeado.
    Tu poema es abrazador por lo real y bien realizado.
    Mis cálidos saludos

  • Hugo Emilio Ocanto

    Una realidad.
    Cruel y despiadada. Letras sentidas y maravillosas.
    Mi saludo, mi amistad.
    Hugo Emilio.



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