.Luz del alba.

En una tarde de vivo sueño

En una tarde de vivo sueño,

en la acogedora soledad de aquel parque

donde solo figuras deslucidas se ven

paseando entre palabras llenas

de nostalgia y recuerdos,

bajo los robustos robles y únicos

testigos de aquella escena

tan cálida y pura como el propio verano,

en aquel banco lleno de infancia y deseo,

nuestras almas estaban cerca, tan cerca,

que lo que nuestros cuerpos

no se atrevían a hacer,

ya lo habían hecho ellas con un simple jadeo

que dejó escapar nuestro más profundo secreto.

Entonces, agarraste firmemente mi mano

y al mismo tiempo que nuestros

rostros se sonrojaban,

el color de nuestros ojos se enlazó

en un único vuelo

que abandonó las alas en nuestras bocas,

para dejar que nos acariciáramos en

un beso sincero,

en un beso urdido por los labios de tu brío

y tu pasión,

y por los míos de tímida inocencia ahora

olvidada.

Nuestro primer beso.

Todavía recuerdo cuando,

en un vano intento por coger aire,

quisimos separar un momento nuestros labios

y casi nos ahogamos en el aire que

intercambiaban nuestros besos,

un aire cálido como el propio verano.

Y en una tarde de vivo sueño,

en la acogedora soledad de aquel parque

donde solo figuras deslucidas se ven

paseando entre palabras llenas

de nostalgia y recuerdos,

bajo los robustos robles y únicos

testigos de aquella escena

tan cálida y pura como el propio verano,

en aquel banco lleno de infancia y deseo,

nos besamos, sí, nos besamos,

nos besamos en aquel mágico beso

que silenció por completo

la atmósfera que nos rodeaba,

pero no pudo silenciar

lo que nuestros bramantes corazones decían.

 

 



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