Elieser Wilian Ojeda Montiel

ELEGÍA (A nuestro amado hijo, Willy)

 

 

Has partido hasta el empíreo del Señor

La cima más elevada

En busca de una paz unánime.

 

Anclaste tus aperos a la “divina montaña”

Y a tus cuerdas aferraste

Tu etérea humanidad

Para hendir el infinito espacio sagrado.

 

Abriste la última ruta de escalada

Hasta las alturas

De la que no descenderás jamás a rapel.

 

Entre engreídas nubes

Tu libérrima alma se solaza

Entre las imponderables cumbres

De los bienaventurados.

 

Las enhiestas montañas

Preservan tus nobles huellas

Que jamás hollaran a la madre natura

A la que siempre respetaste

Santuario natural sin agresión posible.

 

De cumbre en cumbre

Te arrobaste de lontananzas infinitas

Libre de compromisos en el tiempo

Columbrando la esperanza inefable

Compañera peregrina de las almas puras.

 

Como ave migratoria cruzaste el piélago ignoto

Para abrir tu corazón a otra alma

No menos pura que la tuya

Cándida, noble, sencilla

En las entrañas de la madre patria.

 

Dejas tu impronta indeleble

Regaló de la Providencia como don:

Alcanzar las cumbres inciertas

Donde el espíritu despliega sus prístinas alas

En la vaciedad portentosa del éter.

 

Más allá del horizonte incólume de maldad

Tu alma finalmente se vio purificada

Ahora bates tus afiligranadas alas sin afán

Sobre cimas, riscos cimarrones de impolutas nieves.

 

Te regodeas en el vuelo eterno de la “elevación”

Estás en la cumbre de la perennidad

Estás en tu elemento ‘natural’.

 

Amado hijo

Que tu alma abra rutas en el cielo y

En la tierra transitadas las que hicieras

Recuerden al caminante de pasos breves

Sobre rocas y paredes.

 

Descansa en paz amado hijo

 

                                                                                                                                                                                     

Eliéser Wilian Ojeda Montiel

                                                                                                                                                                                                          La Azulita, 27 de agosto de 2014

 

Comentarios1

  • LEO HENRY

    Algo tan precioso y sentido como ésto escrito... lo produce un gran dolor como el que habita en tu alma. Bendiciones y resignación infinita.

    • Elieser Wilian Ojeda Montiel

      Gracias mi estimado Sr. Leo Henry por detenerse en la lectura de mi poema. Pues sí, amigo, aún la congoja nos persigue y nos asalta cual epifanía en los momentos de más felicidad. Agradecido na vez más. Saludos.



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