Samuel Santana

Entrega

Sí, convencido de mi decisión

 conversé con la madre

 de las calandrias y le dije que tú y

 yo habíamos alcanzado la química

 para juntos eternamente capitular

 los entuertos del fuego,

amaestrar los giros torcidos de la luna y

matizar los colores de las mariposas extraviadas.

Definitivamente he visto a un corazón

 que ha sabido fertilizar el germen

 de los versos peregrinos,

aventureros, humildes y tímidos.

Has arrancado la ardiente pasión

 que frenéticamente impulsa a convertirte

 en la madre de meticulosos y

 secretos poemas acaecidos en noches

 de insomnios y divagaciones por unos

 ojos de serpiente astuta.

Dime amor,

¿en qué territorio está exactamente

 el lugar donde deseas tender y

abrir tu exquisita y envidiable amapola?

Tengo la madurez y experiencia

para con mis manos y cálidos labios

  apreciar la intensidad de todo su aroma y

el punto profundamente germinal de los

 indiscutiblemente aguerridos estambres.

Te aseguro que todo ocurrirá entre

 silencio, palabras,

hondos suspiros y

pares de copas.

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