Santiago Miranda

A la zaga eterna

Quisímos creer que al escribirlo escaparíamos
de la muerte inminente, ganaríamos
tiempo, duplicando al hombre en palabra
y al verbo en carne, luego al entregar tal personaje
a las llamas, estaríamos más tranquilos
la culpa se incendia bajo los sueños, pero
¿nosotros somos nosotros mismos y no la palabra
de algún demiurgo extranjero? ¿quien es más
real de ambos (nuestro juego es sobre monto)
el que existe allí donde no hay forma, para siempre?
¿el que existe aquí, donde todo es forma, efímera forma
y se desvanece en la memoria, humo negro?
oh cultura, monumental fantasma
abre tus tapas encuadernadas de par en par
y deja las marchitas hojas morir
en paz, procede al asilo o al matadero
y escurre tu letra negra sobre el fondo
del mar, al disipar tus sueños ahora que sabes
cuánto:

quisímos creer que fotografíando conservaríamos
los lugares, que se llevan dentro
y ganaríamos al tiempo, tiempo
al vivir dentro de los cuadros

quisímos creer que creyendo nos salvaríamos
a nosotros mismos de la incertidumbre
de un sol rebelde o un giro en falso
del astro decadente en que vivímos

quisímos creer sobre todo que amando
marcaríamos el espacio
y sólo así burlamos a la muerte
por algunos instantes eternos



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