escritor de habitacion

La mentira más grande

La mentira mas grande que nos contaron cuando

niños fue, la de las mariposas en el estómago.

 

Nos hacían creer que si sentíamos esa sensación

y si nos sudaba las manos cuando estábamos cerca

de esa persona especial”.

 

Significaba que era amor verdadero.

 

Y nos volvíamos locos negándole.

Pero era cuando más obvio se tornaba las cosas.

 

Pero luego después de grandes,

en la adultez.

A pesar de haber madurado.

Tenemos atrapado dentro de nosotros esa idea.

 

Pero luego entonces ocurre lo que creemos que

son las “mariposas” en el estómago,

las manos sudorosas, el corazón agitado.

La ligereza que recorre el cuerpo

y nos da un éxtasis momentáneo.

 

Pasa los días, las semanas,

creemos que estamos reviviendo esa fantasía,

oculta durante tanto tiempo.

 

Nos la creemos, nos la vivimos.

 

Hasta que nos damos cuenta de la realidad.

De lo insignificante que son esas sensaciones.

De que todo fue una fantasía mal vendida,

pero bien envuelta.

 

En papeles de ilusiones incompletas,

de sueños, que solo fueron eso,

sueños.

 

Ya las “mariposas” no se sienten.

A sido reemplazado por el ardor del licor que nos tragamos,

como así nos tragamos el cuento cuando éramos niños,

tan inocentes, tan expuestos y abiertos al mundo.

 

Pero ahora los que nos quedan son las cicatrices.

Y la mentira bien clavada en nuestra mente.

 

Las manos ocupadas sosteniendo una cerveza

y un cigarrillo.

Buscando calmar el dolor que quema dentro.

 

Mientras nos preguntamos que hicimos mal,

el recuerdo de la inocencia

hacia lo que consideramos amor

aquellos entonces,

surge y nos entrega una mezcla de

sensaciones universales.

 

Pero solo a base de muchos intentos,

muchos desamores, muchos tragos, muchos cigarrillos,

muchas lágrimas, muchas noches largas, muchas cartas,

y sobre todo mucha decepción.

 

Nos damos cuenta de que vivir y amar

son dos cosas muy dolorosas.

 

Y aprendemos a coexistir con el dolor y las penas.

 

Y ya la mentira no sabe tan amarga

cuando la entiendes.

 

Solo simplemente aprendemos a amar y a vivir.

Porque de las preguntas

salen la peor de las agonías.

 

La agonía de saber, de entender,

pero no el simple hecho,

de vivir.  

   



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