HectorFlores

Los del medio.


Es como ver a la estéril luz con ojos cerrados,
la espalda noche traicionera cual cuchillo en ella...
¿Cuantas veces han subido y bajado Dios y el Diablo al azar?
Con nosotros en el medio, luchando la tirana gravedad.
Plateado nuestros corazones como peones, que avanzan entre tristes y alegres espacios hacia el final.
Una risa y un espejo son cristal, son como gotas de belleza y de fealdad...
Me carcome la duda de un tesoro no dorado...
¿Qué existencia crea en su reflejo a su propios futuros imposibles?
¿Qué profética ley de lo implacable nos narra
la infracción del entramado universal?
Hay infinitos mundos donde se planta y crece esta monótona realidad...


Hay infinitos mundos donde se siente la guerra espiritual, a caso somos nosotros seres de luz que en medio de la batalla debemos aportar la humildad que poseemos para podernos salvar emanando un amor divino, un amor real, donde yace el firmamento el sacrificio a la verdad, donde estamos nosotros en medio de una cruel humanidad, que vive de desespero del día a día a lo banal, que sobrevive quien se cree el más listo en este mundo infernal, donde el fariseo utiliza las armas de la palabra "Biblia" para embaucar, olvidando que nosotros estamos en medio y que todos pertenecemos a un mismo Dios universal..


Pertenecemos a un mismo Dios universal,
que desgraciadamente muchos no han comprendido.
Y no es el hecho de que conozcan a Dios, sino las tergiversaciones, que de un libro, han consentido.
Entre la bóveda celeste, donde supuestamente se alberga un dios, y entre el tártaro, donde supuestamente se encuentra el tentador. La concomitante guerra en nuestras mentes del bien y del mal. Representadas, solamente por la religión medieval. El hombre es un ser divino, y cuando se de cuenta de dicha verdad, podremos decir, finalmente, el hombre es un ser sobrenatural, y no una bestia perecedera, de la cuál sus dioses con ansias esperan, vernos retornados al polvo. Dios, no es antropomórfico, y su fuerza vital, es para todos. El castigo lo creamos en ésta vida, y la verdadera condena, es morir, sin saber, de que los de "en medio" somos más de lo que vuestras ideologías, puedan pensar.



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