Iosi Koba

SEDA


Bendito gusano que segrega la seda

con la que se teje el negro pañuelo.
Pañuelo con el que vendo tus ojos

y jugamos a que adivines con qué te acaricio.
Caricias ardientes, caricias cortantes, caricias suaves,

caricias rasgadas, caricias floridas, caricias del alma.
Caricias, que hacen que tu piel se sonroje

y libere el calor oculto de tu excitación creciente.

Bendito gusano que segrega la seda

con la que se fabrica el paño azul.
Paño azul con el que cubro y acaricio

tan sutilmente tus senos, que se perfilan tras la tela.

Tela en la que resaltan las incipientes puntas proyectadas de tus aureolas,

puntas que yo mordisqueo con deleite hasta la embriaguez.

Mordisquitos de ardilla, mordisquitos de lagarto, mordisquitos de pez,

mordisquitos que te hacen retorcerte y enloquecer.

Bendito gusano que segrega la seda

con la que se teje el rojo pashmina.
Pashmina con el que ligo tus manos y tus piernas,

dejando expedito tu cuerpo a mis besos, durante horas.

Y expedita tu intimidad a la dulce tortura de mi boca, en la que no paro

aunque supliques que no puedes, que te mueres, que te agotas.
Y te haré volar una y otra vez, sintiendo cómo serpenteas

ante los embates y caricias de mi lengua, de mis dientes, de mis labios.

Y me fundiré en ti, en calma, para reavivar tu fuego

enardecido,con pasión, con furor, abrazándote con ardor,

protagonizando una rítmica y frenética danza,interpretada por nuestros cuerpos.

Baile desenfrenado que nos elevará más allá de la realidad,

haciéndonos tocar las estrellas, y cuando vayamos a explotar 

en nuestro salvaje clímax, entonces, solo

entonces cortaré tus ligaduras con una hoja de plata.

 

© Iosi Koba



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