roldaniel

Relato de un delirio nocturno

Vino a mí un delirio nocturno

en una noche fría de sombras en las cortinas,

de voces calladas y caricias de tinta,

cuando espectros burlones gozaban de tu lejanía.

 

Mi yo silencioso jugaba a las realidades lunares

en que las estrellas danzan y los fusiles no pesan,

en que un río da vuelta si así se desea

y acaricio tu piel si un suspiro lo dicta.

 

Palabras flotaron alrededor de una hoguera

eran voces de muertos, muertos de guerra.

Derramadas como sangre, libadas al fuego,

un hombre cuestiona si hay luz en la vida.

 

Un verde en mi mano cae con ruido

caja de un secreto, mi casco herido,

con un papelillo adentro, retrato de ti.

Veo brillos caoba sobre un largo rubí;

escultura de mármol de rostro divino;

obra sublime, poesía callada

astro viviente, marea encallada.

 

"Es ella" dice mi voz, y los muertos observan;

es de velo azabache y mirada etérea.

Los muertos se enamoran y al aire suspira

se inclinan los árboles y el fuego atisba.

 

"¿Qué?" pregunta la nada, y mi boca contesta:

"La luz... es su mirada de eternidad,

son sus labios de amores liberados,

son los "te amo" de las almas enlazadas,

las caricias de las manos que se extrañan;

es el silencio de los ojos que se buscan

la sonrisa de las bocas que se aman".

 

"Es cada noche en que los cuerpos se funden

para que al sol sumen su brillo

caoba y ambarino en las mañanas.

Sí, hay una luz en la vida, una como ella,

para los hombres bendecidos".



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