DAR47

VIII

 

 

            A decir verdad llueve,

celebran las aves el calor de sus nidos,

y los lirios del campo se mecen como niños

seducen los versos las calles de tierra,

y el olor a tortas fritas atraviesa

el talón de Aquiles

y me rindo a los renglones desnudos

y escribo:

la lluvia danza en la piel desnuda de los siglos.

            A decir verdad llueve

en el árbol despojado que destierro del tiempo

inocencias mutiladas,

palabras afiladas de verdades incorruptas,

 

 

 

Realidad tergiversada en mil pantallas,

la mentira de turno,

Mediática,

persuasiva,

mece analfabetos en sus brazos de espinas.

 

            A decir verdad llueve

Y veo en las mamparas resurgir a Dionisos,

Confundir a los pueblos

destronar la justicia

reinar en el hambre del logos

irracional,

abominable,

feroz,

impiadoso robándonos el fuego.

 

            A decir verdad llueve

hoy celebro las aves,

el calor de sus nidos,

los lirios del campo meciéndose como niños

caminar con mis versos las calles de tierra

recuperar la risa bajo la lluvia inmensa,

y qué importa que me moje,

 

 

Si atraviesan renglones desnudos del tiempo

un olor a torta frita

la carbonilla y el barro

y esta sangre mestiza fluyendo entre mis venas

recuperando el fuego

en los silencios de esta mañana sin nombre,

de este amanecer de nuevo

de este empezar de nuevo

en el origen del nombre que habito y que me habita.

 

            A decir verdad, llueve.   

 

                                                   Darío Valenzuela

 

Del libro: Claudia-Desde lo profundo de tus ojos- 

 



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