Samuel Santana

Quien soy

Brasas apagadas,

calderos boca abajo,

eran los días entre el polvo soñoliento y

el ronquido seco de un perro adormilado.

Pasaba la vida como el lomo de un camino árido y abandonado.

Sobre el lecho de polillas,

el hambre asediaba cual los ojos de una casa sin dueño.

De campo en campo, de pueblo en pueblo,

de aldea en aldea y de gente en gente,

llevaba el destino el tamo de mi felicidad.

¿De qué sirve la existencia si la

viga de los sueños está rota?

Qué triste cuando a  nadie le importa el

redoma del óleo con que se cura tu herida.

El desprecio quema como el ácido del relámpago y espanta como el estruendo del trueno en la noche descobijada de luces.

La lezna del infortunio lo ha cortado todo,

zigzagueando en cruces lo remoto e íntimo.

El hombre, enemigo sin razón,

ha cerrado caminos y 

puertas para tapar los faroles del futuro.

Alguien en quien había confiado

enterró su mano de alacrán hasta  el alma,

pero me sacó el desengaño.

Por muchos días y años viví la angustia del despatriado en su tierra,

esquivando rostros de máscaras, voces yuxtapuestas y señales torcidas de humo.

He sido la sombra de un cerezo bajo una noche negra.

¿Aún me pregunta quién soy?

¿A quién puede importar la existencia de alguien nacido en harapos y bajo un techo roído por la miseria?

Soy el rostro de los engañados,

de los humillados,

de los calumniados,

de los abusados y

de los que han sido dejados a su propia suerte.

Ahora que mis fuerzas se han gastado,

 ya no tengo techo, abrigo, pan ni amigos.

Así lo quiso el hombre.

El destino lo complació.

Ya no conozco el rostro de la esperanza:

ha envejecido conmigo y,

como yo,

solo espera la muerte.

 

Comentarios1

  • lmaria247

    Me gusta mucho tu poema. Refleja un sentimiento de desilucion con la condicion human a traves del tiempo y el espacio. Invita la reflexion del lector y comparte los descubrimientos de todo una vida. Saludos.



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