ricardocabrera

El mundo es una cama

 

Tintas de sangre tus pinceladas

se arrastran dolorosamente

sobre la tela,

las pinturas diluidas en lágrimas

cuentan tu historia sórdida de penas, 

de desamores y fantasías.

 

Los trazos son largos y afilados

y lloran la constante presencia

de tu maternidad frustrada,

los trazos enérgicos hacen justicia

de un  espíritu que no se quiebra

que vuela libre sin los aparatos medievales

que torturan tu cuerpo.

 

Los pedazos fragmentados de tu columna

se unen con la tierra generosa

que los recibe y convierte en tallos,

en enredaderas, que se aferran poderosas

a la vida.

 

Solo tu mirada de negro insondable

puede ver a la muerte que duerme a tu lado.

No hay resabio, ni dolor, ni miedo

porque los ojos vacíos de la muerte

fueron tu prisión durante un tiempo.

 

Poderosa te levantas,

más allá del impedimento de tu silla

y eres naturaleza viva señora de los alcatraces

Coyolxauhqui desmembrada, que oculta su dolor

y se vuelve a unir para seguir peleando

desde la trinchera oscura de la noche.

 

Tu maternidad fallida eleva a Diego

a la categoría de hijo, de protegido

cuando debieras ser tú, madre prolija

de los pinceles y la trementina

quien recibiera las bondades de la vida.

 

El mundo es una cama, donde sueñas,

donde pares el talento que dejas en el lienzo

donde has olvidado como era tu vida

Antes del dolor.

Un mirlo descarado vuela sobre tu mirada

que se mueve inquieta buscando una presa

que confiada termine en tu cama

y alimente tu ingenio y tu fuerza.

 

Y que se quede atrapada por siempre

en tus pinturas, relato fiel de tu vida,

o más bien, de tu muerte terrena

y de tu propio renacer con fuerza divina

 

Sonríes a la muerte que llega y te busca

y que por fin arrastra tu cuerpo que ya estaba muerto,

pero intenta despojarte de lo único vivo que te queda:

tu ingenio y tu talento.

Te despides con huipiles y rebozos, con flores rojas

y amarillas que adornan tu cabello.

Joven, pálida y demacrada, con tus dedos enjoyados

no estás sola, como siempre

la muerte está durmiendo a tu lado.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.