B Quinchanegua

Devaneo II

Devaneo II

 

sea buena como siempre y agudice su inmenso entendimiento,

Ponga especial atención a este relato si esa tarde no evoca,

juzgue de forma imparcial si es ingenuo y visceral mi sentimiento.

no crea que yo la amo con una devoción marrullera y loca.

 

Los edificios se empezaron a mecer en un raudo vaivén,

el cardo con premura no pudo más que morir en la inocencia.

ahí, en el horizonte, se dibujó esbelta usted con su desdén,

yo miraba inquieto y taciturno cuán soberbia era su presencia.

 

Fuimos un liquen destinado a existir desde las entrañas mismas,

no intervino azar alguno en los hechos que allí tuvieron lugar,

se dio el tiempo una vuelta larga y nos dijo que habláramos sin prisas,

que la veneración vana por el rumbo debíamos dejar.

 

Palabras que escapaban sin sentido de mi absorta humanidad,

el contenido de las mismas ya no guardo en mi recuerdo fiel,

perdóneme de antemano si en mis versos no encuentra la  Verdad,

tenga en cuenta que eran mis despojos los que hablaban el día aquel.

 

El vaho denso en la mirada dirigía usted  al rudo suelo,

como guardando su microcosmos para preservar las corolas,

mientras yo le mostré mi alma dañada sin adorno y sin hoyuelo,

le revelé la pobre que sortea mares y se ahoga en olas.

 

Vino entonces un demonio disfrazado de sentido común,

un ser embadurnado hasta la raíz más larga de mi persona,

me obligó este fementido a callar lo que hasta hoy no le he dicho aún

y es que pensar en descifrar el misterio de su ser me emociona.

 

Con qué fuerza podría  haberle declarado mis intenciones,

si andaba yo hipnotizado en la blancura vesperal de su tez,

y mis ojos se movían al son de sus labios carmín cereza

y mis manos tenían un absurdo temblor como de vejez.

 

Mi pobre esencia le hacia una estatua a su voz de timbre singular,

se rendían mis constantes penas a sus esporádicos pies,

y logró enmudecer a la conciencia que nadie puede callar

y se marchó usted con la confusa promesa de vernos después.



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