Rosanna Moreda

Trufas


En su oda diaria al alimento

Este es el fruto que más celebra

sin saber todavía que a aquella actriz rubia

le gustaban las blancas.

Sin saber que aún existía

otra delicia,

exquisitez mayor

escondida también bajo tierra.




Quizás porque son tesoros y escasas

o rudas o terrosas,

diminutas y tufosas…

ella las adora.

Y las cocina despacio para luego

saborearlas a igual ritmo. Y piensa en el poder

de la exclusividad,

época nuestra

en que los diamantes

también se comen.



Mientras los cerdos entrenados buscan

con arte y experiencia



delicias que

nunca serán para todos

son tan costosas…





las negras, las blancas

y quizás las rojas

escondidas en las minas

a las que no llegan los cerdos

no son suficientemente

valientes.

Suficientemente capaces.




Para esto hay esclavos

que capturan lo que después masticas.

Y ríes, y echas el chicle

Para volver a comer

Escondida detrás del papel.





Pues no importa…están tan lejos

¿Y si no es verdad? ¿Y si son inventos disparatados?



Mi casa es grande y cómoda,

mi pantalla me separa del mundo injusto que comentas.

Tengo suficientes trufas

con que alimentar A mis hijos.

Mi coche es rápido y mi trabajo estable.

Soy mandrágora en mi propia tierra

pues mis raíces como veis, me delatan.

Mi marido no me abandonará





y las flores crecen en el jardín,

porque las cuidamos.




Y mi psicoanalista me cuida a mí

Y mi familia vale oro.

Así me he currado mi futuro,

a golpe de hoz



Sin deberle nada a nadie



Y mi perro, adorable,

ríe con su enorme lengua



colgando.

Y mi, Mi,

MI




Entendamos la cadena. No te comprendo

No te esfuerces tampoco en hacer que entienda

No quiero

Oír

Ni sufrir

Vine al mundo a vivir por eso



sólo Espero…en vacaciones…

poder al fin

Probar

Las frutas (o eran trufas?) rosas.



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