Francisco VV

Trabajo

Una vez me encontré con el Trabajo:

Tenía rostro de obrero y de campesino, de chef y de monje.

Tenía rostro de médico y de bombero, de artista y de ama de casa.

Tenía rostro de profesor y de sepulturero, de prostituta y de mendigo.

 

Que por un puñado de sal se preguntaba:

“¿Qué vas a ser cuando grande?”,

“¿Qué labor aportarás al mundo?”,

“¿Qué obra realizarás?”.

 

Empleo y remuneración por un lado, sudor e inspiración por el otro.

Ambos, por desgracia, no hacen de la vida un medio sino un fin, fin que debe ser ocupado por los seres humanos.

 

 

Fin que llegará cuando sepas que la vida no es justa,

Pero que tú sí debes serlo y debes exigirlo en los demás.

 

Fin que llegará cuando sepas que, junto con limpiar tu habitación,

No tengas miedo de luchar por las selvas vírgenes que tus padres

No lograron explorar, por estar sometidos a la heteronomía y el conformismo.

 

Fin que llegará cuando sepas que, como estudiante, no sólo seas amable

Con los más aplicados de tu clase, sino también con ese tipo raro que saca malas notas

Y anda en las nubes: Seguramente compondrá la canción que te enamorará,

Filmará la película que mil veces disfrutarás, o escribirá el libro que cambiará tu vida y te hará pensar.

 

Fin que llegará cuando sepas que, en la vida real, por sobre los fuertes y los listos,

Ganan los que trabajan en equipo y tienen amigos, los que ponen las manos al fuego

Por ellos y esperan a los demás para cruzar juntos la línea de meta

Porque saben que nadie es prescindible. No hay perdedores. Todos son ganadores.

 

Fin que llegará cuando sepas que, si no quieres un amo encima tuyo,

Entonces tendrás que dejar de obedecer órdenes, aprender auto-disciplina

Y llevar a cabo tus propios proyectos.

 

Fin que llegará cuando sepas que a veces no podemos evitar los grilletes y cadenas

En nuestros cuerpos, mas no dejes que alguien los ponga en tu mente.

 

 

Una vez me encontré con el Trabajo:

Era como una raya en la tierra, como una moneda en el aire.

Era como el sol que nace en la cordillera y muere en el mar.

Era como un oso que hiberna, como un zángano muerto en pleno clímax.

 

Que por un puñado de sal se preguntaba:

“¿Qué vas a ser cuando grande?”,

“¿Qué labor aportarás al mundo?”,

“¿Qué obra realizarás?”.

 

Empleo y remuneración por un lado, sudor e inspiración por el otro.

Ambos, por desgracia, no hacen de la vida un medio sino un fin, fin que debe ser ocupado por los seres humanos.

 

 



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