Henry V

Tus vacaciones

Supe que el agua del mar hizo crecer tus raíces,

Que tus besos maduran  y en tus ojos  nace otro  universo.

Yo, por mi parte, sigo aquí, buscando  la forma  de hacer de esta tierra un rio.

Mis  manos comenzaron a hablar el  lenguaje de tu cuerpo.

¡Las hubieras visto!  Se que te  hubiera dado risa, esa risilla nerviosa que  tienes antes  de verlas  contrastando con tu piel.

Las consuelo. Les he jurado que  revisaremos  la medida exacta de tus raíces. 

No voy a la plaza desde que nuestra banca me preguntó por ti, odio las bancas metiches.

¡Me mandaste fotos! No sabía que  hacer con ellas, unas  las puse en la cama como osos de peluche, otras  en la planta que  me diste, a ver si le nacen flores  marinas.

Me cambié de casa, pensé  dibujar piñas y naranjas en las paredes, no quería  que te sintieras extraña, pero decidí que cuando vengas  arrancaré las frutas más exóticas y aromáticas de tu follaje  y las esparciré por  todos lados.

No cave duda que el mar es un cosmético infalible: se rizó tu cabello, se encendieron tus ojos, enrojeció  tu piel al tono de las buganvilias, (mi planta favorita) ¡te ves divina! Pero te hace falta el rubor de las mejillas, ese que te rodea el cuello, los oídos y la boca, cuando  estas manos hablan con tu cuerpo.

Esta vez, efectivamente, eres el ángel que viene  del mar,  y te aguardo,   contenido  en  el lugar sin tiempo en que te amo, husmeando los  recuerdos  de tus besos,  haciendo de tu presencia  las alas para volar en el sueño.  Como el mago que dices  que soy  detengo  la nostalgia  antes del umbral  del ansia, y te espero en el sigilo de la paciencia  para besarte por primera vez, nuevamente.



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