Javier Lobo

Alba

Y yo,

la miraba siempre,
y dejaba caer mis ojos ardientes
sobre sus ojos oscuros
y repletos de noche y misterio.
Resuelta y preciosa,
me concedía la bondad
de saber que allí estaba siempre,
siempre para mi,
dejando su melena
entre sus hombros morir,
como morían mis ganas
de saber su nombre,
y respirar el aire
donde se adornaba su silueta
y estallaban mis anhelos más extraños.

Y yo,
sentado a su alcance,
ella no me veía,
no me miraba,
cegada por sus vientos rebeldes,
por sus espacios vacíos,
por la penumbra del irreverente tiempo
que nos separa.

Y yo,
sentado mirándola,
sin saber qué,
sin saber nada,
hasta que un impulso inconsciente
me lanzo a ella para ponerle nombre
a su hermoso rostro,
a su absoluta mirada.

Al alba la vi,
al alba la soñé.
Al alba la pinté de amor
y de absoluta belleza.
Al Alba, te llamé.

 

Javi Lobo.



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