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Tu Adiós

Ayer me dijiste adiós

luego de buscar con tu boca

los trozos de amor que dejaste en mi cuerpo,

te los querías llevar

para dejarme sin nada.

 

esos últimos segundos de nuestro tiempo

quedaron inmarcesibles en mis ojos

porque miraba el reloj con miedo,

como cuando el niño ve a su perrito enfermo

y sabe que cerrará sus ojitos para siempre.

 

 Era inevitable... 

 

Ayer me dijiste adiós,

y sopesé el daño con los años,

y el ángel negro me sonrió,

yo me encogí de hombros

y sólo pude llorar,

observando con clarividencia

una profesión que me fue asignada

como preludio de mi karma:

extrañarte para siempre.

 

Ayer me dijiste adiós,

y antes de que me robaras tu amor

con tus últimos besos,

dejé anclado en tus labios,

la gota de lluvia en tu cabello;

el beso en el parque aledaño;

las estaciones del metro;

el cuchitril de cerveza;

tus gafas gruesas;

y la locura de promesa:

“Nunca te dejaré sola”,

Y ahí me quedé contigo para siempre.



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