Xavier Martinez

Tú me llamaste tu Luna, y yo te hice llorar

Una noche de tantas.

Mi mano sostenía una copa como de costumbre.

Nuestras miradas se cruzaron y sentí que algo se clavaba en mi pecho.

No podía dejar de mirarte sin saber que decir.

 

Busqué alguna frase, pero perdido dentro de tu mirada,

tan solo se me ocurrió una,

la más tonta y socorrida....

-¿Cómo te llamas?-

 

Pensé que un ángel se había cruzado en mi camino,

tus ojos azul verdoso parecían el cielo y el mar juntos.

 

  Tu pelo era una caricia del sol y lo mejor:

  tu sonrisa.

Fue  algo tan inesperado para mí 

 

En mi desconcierto no sé cuántas veces llegue a preguntar tu nombre.

No sabía que decir.

 

 

Solo repetía una y otra vez -

"que sonrisa tan bonita"

- o  -

"que ojos más lindos"

-  intenté ser más original,

pero no podía,

estaba totalmente bloqueado.

Y aun así me elegiste.

 

Hoy la nostalgia es mi dueña,

y el pasado se ha hecho presente,

como tantas otras veces.

 

No quiero volver a recordar que es lo que hice mal.

Lo sé.

 

No quiero pensar que es lo que podría haber cambiado para hacerte más feliz,

sé que hice todo lo posible para que lo fueras,

y aun así, tal vez no fue suficiente.

 

Me visitó mi peor enemigo:

"los celos".

 

  Esos visitantes que se cruzan en tu camino cuando más daño pueden hacer.

Es en esos momentos que se apoderan de nosotros y nos hacen ver algo donde no hay nada.

Cuántas veces se apoderaron de mi mente haciéndome sufrir.  

 

Cuantas  te vi llorar diciéndome que todo estaba en mi cabeza,

pero, aun y así, yo no creía.

 

El temor a tu infidelidad se apoderaba de mis deseos.

Convirtiéndolos en lágrimas junto al mar.

Ese que tenía el color de tus ojos.

 

 Un escalofrío recorría mi cuerpo,

ahora que conocía el amor en tu persona,

por idiota lo estaba dejando escapar.

 

Lo estaba perdiendo.

 

 

Por el temor a perderte me entregue a otras caricias,

a otros labios,

a otras miradas.

 

 

Imbécil de mí,

si al quien deseaba era a ti,

¿Cómo pude ser tan…?

Nunca podría perdonarme  lo que hice.

 

Valió la pena conocerte,

valieron la pena todos aquellos instantes en los que estuvimos juntos,

siguen vivos en mí.

 

 

Todas las caricias que nos regalábamos hasta el momento en que el cansancio nos vencía y nos dormíamos abrazados. Todo valió la pena.

Y,

ahora

¿a quién le contaré lo que siento?

, ¿quién podrá entenderme?

  Todos tenemos una amigo o alguien a quién confiar un secreto,

pero, hoy yo soy mi única compañía.

 

El único con quien hablar.

 

Hace tanto tiempo que mi corazón está herido.

Con ese dolor tan profundo, que grito y lloro de impotencia.

He perdido al hombre que quería.

 

No,

no es cierto,

al hombre al que sigo amando,

aunque sé que no queda ni un ápice de esperanza.

 

Era el hombre de mi vida,

y aunque intenté no dejarme vencer,

los celos me vencieron.

 

Ya no es hora de seguir luchando,

el fuego se está apagando rápidamente y yo no soy el mismo.

 

¿Qué puedo decirle?

  ¿Qué preguntar?

¿Para qué?

  Descuide la relación y ahora me arrepiento.

 

Él lucho por mantener encendida la llama del amor  y no lo supe valorar,

permitiendo que se alejase de mí.

 

El coste está siendo muy alto,

su indiferencia, su rechazo y mis noches de soledad.

 

Estoy pagando un duro precio por mi comportamiento.

Me odio a mí mismo,

conseguí convertirlo en el enemigo.

 

Mis ojos ahora son testigos,

ya que aún lloran por tu persona.

 

 

Solo se ama de verdad una vez en la vida.

 

Al darme cuenta de que el  perdedor soy yo y de que te convertí en la victima de mi ira,

quisiera salir corriendo y gritar que me siento solo…

pero, ahora nadie me escucha.

 

 Que debo hacer

 ¿quitarme la vida? 

Volar hacia el cielo en busca de alguien para reclamarte.

 

Esperando que todo sea un sueño del que cuando despiertas descubres a la persona que más amas.

  Deseando poder abrazarla y decirle:

 

 

Lo siento, perdóname.

 

Xavier Martínez



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