Espinela

Guerreras del camino.

Bienaventuradas en lo rotundo.

Mentes adjuntas a cuerpos profundos.

Siempre queriendo ser damas del mundo.

 

Andares llenos de miradas.

Unas inhiben  lujuria.

Otras en ojos ajenos respetadas.

 

Gran mujer, fiera indomable,

Adormeciendo a bestias insaciables.

Víctimas del egoísmo inaceptable.

 

Criticadas, maltratadas y aferradas.

Luchadoras esmeradas,

Para que no faltara nada.

 

Sofocadas, por mil derrotas asfixiada.

Por acontecimientos inaceptables.

Por autoridad de poder des honorables.

 

Diosas divinas de trono.

De esculturas tallada en oro.

Pieza de valor incalculable.

 

Madre de hijos y padres.

Cómo osan deshonorarles.

Si el regalo del cielo fué admirable.

 

Una mirada al cielo.

Sintiendo el destello en sus anhelos.

Buscan guia en sus desvelos.

 

Si aceptaran divinas reverencias.

Sin lugar serían para colmarles.

Pues satisfacen con lo menos esperable.

 

Guerreras valientes por el mundo.

No temen a soledad ni oscuridad por un segundo.

Por calles llenas de enigmas han de pasar

 

Fuerza dócil de manejar.

Esperando con sus vidas

El mundo poder cambiar.

 

Llama de luces en la oscuridad.

Brillan entre sombras de la verdad.

Estimulando mentes sin piedad

 

Demasiada violencia que olvidar.

Cada paso, cada contoneo atentas van.

Pues la jungla está al asecho a este suculento manjar.

 

 

 

 

 

 

 

 



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.