Daniel De Jesus Perez Garcia

Arboles a la deriva

 

I

Los pensamientos son nubes

Son espumas almidonadas que crean paisajes nevados

El cielo donde se calcinan es la llama azul de la conciencia

II

En el mar interminable de los sueños

Los ecos de muchas olas

Fabrican una tormenta

Viento y aire: porción secreta de una corriente

Invisible espectro cuya voz penetra en

La espiral del abismo

Somos esa fuerza invisible

                                             Esa fuerza invencible

Que recorre los montes y los erosiona

Convirtiéndolos en galerías donde la memoria tiene  su recuerdo.

 

III

El mar que se convulsiona

Es un corazón                           es un dragón furioso nacido del fuego

Y esa serpiente transparente hinca en la oscuridad el veneno de la vida

Semillas de polvo antiguo abundantes dardos que nacen en

En forma de alas

Y nos permiten

Andar

Alrededor de tantos territorios.

IV

Somos todos un único océano

Donde múltiples geometrías se rozan y despedazan

Altar y sacrificio: Rostros donde coronados de incertidumbre

Nuestros ojos se petrifican

Islas que se vuelven cicatrices deshabitadas y desiertas

Pedazos de madera a la intemperie

Como boyas que no indican ningún rumbo

Sin su sol el día es irreconocible

Y sin su luna la noche es un  lago tenebroso

También el hombre cuando vive encadenado

No es más hombre

Es solo la ficción

                            La metáfora

Solo la sombra quebrada por la herida

No hay alas que nos lleven a la caída

Ni aires que nos revientes en la planicie

Se necesita raíces nacidas

Dentro del alma misma

Follaje crecido

                                    Árbol del conocimiento

Fruto que nos expulsa y nos condena

Ese castigo no es más el triunfo y  la meta

Donde la luz

Se renueva en medio de campos multicolores.

V

La búsqueda hace al hombre lo forma

Lo crea y lo concibe

Carne hecha de la misma carne

                            Pensamientos e ideas antropófagos

En paramos extensos e infinitos

Construye la libertad sus castillos

Reina: nos hace sus súbditos y nos doblega

Ante ella

Se interna en solidos laberintos

Donde a veces se pierde y no regresa

Su ausencia nos ahoga y fragmenta nuestra vida. Sed impronunciable que

Es dominada por el hambre de ella.

La libertad solo es la sombra

Es la piedra de toque

                                    Es  la nada

Un pasillo estrecho

Donde es necesario dar pasos cortos

La libertad no es un pájaro

                                               Es un soplo de aire en los pulmones

La gota que provoca el nacimiento de todos los latidos.

VI

Volar no es volar

Si al hacerlo se interpone el sol

Volar es hundirse en un cielo muy profundo y misterioso

El rio de los sueños es púrpura

Una seda negra que borra las pupilas

                                                                    Plantando su ejército de fantasmas.

Agua extraída de lo más hondo de la tierra

Y cada gota es la cara de alguien

                                                                     Un espejo donde nos miramos todos

Saberse  reflejar es nacer como un puñado de estrellas en el firmamento

Saberse reflejar es también morir y desaparecer en silencio

Debemos sacar más agua de esa fuente

Y bañarnos el alma de colores

Alrededor del árbol de la vida tomar del fruto de la libertad.

VII

Transformar el instante en un instante

Más placentero                           Un lugar

Lleno de estaciones eternas

Llenas de luz a pesar de las noches

Llenas de calor a pesar de las primaveras

Espacio donde encuentra respuesta cada voz

Tenemos un pedazo de existencia debemos trabajarlo

Volverlo paraíso: sitios repletos de armonía y paz

Es necesario entra en el laberinto

Romper los muros al resolverlo

Para no perdernos y estar siempre juntos

Somos cada uno quienes dirigen el mismo y distinto barco

Donde un timón nos permite encallar en la  pacifica arena

                             O naufragar en las aguas de la  confusión.



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