Felipe Robayo

Un día como cualquiera

Hoy es un día muy importante, hoy es el cumpleaños de mi amada madre... El primer día que no gozó con su grata presencia, un día que para mis lamentos no es feliz, hoy que mi camino se cruza con un lúgubre lugar en el que yace el cuerpo de mi amada madre... Que un día cualquiera se fue de mi vida para nunca jamás regresar, un día que dejo mi mundo destruido y acabado, un día que mi existencia se volvió obsoleta. Hoy el dolor por alguna razón golpea mi pecho con una extraña delicadeza... Con una sutileza un tanto irónica, mis ojos se humedecen un poco y la melancolía se intensifica... Miro con nostalgia al cielo que miraba con ella alguna vez... Esta vez algo cálido desciende por mi mejilla, es una pequeña gota de agua que parece emanar de uno de mis ojos... Que interesante, como las nubes cuando ya no pueden con el peso del agua esta se derrama para mojar a la ciudad, así mismo me sentía, impotente al no poder detenerme.. Solo podía temblar, sentía como mis ojos se inundaban de lágrimas una y otra vez y contemplaba lo vacío, destruido, adolorido y solo que me encontraba, veía como la arrogancia, egocentrismo, audacia, astucia, frialdad, templanza y mi gran orgullo... Todo se desvanecía como el sol en el ocaso, estaba aniquilado... Jaja es curioso, como mi debilidad logró tomar total control sobre mí en este día... Tal parece que al fin el dolor logró fracturarme y romperme de una manera realmente inefable para mi. Solo me quedaba decir algo con lo ojos totalmente inundados, TE AMO MADRE Y TE EXTRAÑO, POR FAVOR DESCANSA YO ESTARÉ BIEN, NO TE PREOCUPES... TE HARÉ SENTIR ORGULLOSA DESDE DONDE QUIERA QUE ESTÉS DE LA PERSONA EN QUE ME CONVERTIRÉ... con este veredicto y con los ojos aún humedecidos me retiró, te volveré a visitar... En este día cualquiera en el cual la lluvia empieza a caer sutilmente en mi rostro para ocultar mi dolor.



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