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Errante

Vivo recientemente en un lugar que no es de nadie,

solo un edificio que el dueño aún no usa.

Un sitio donde no existen recuerdos,

un espacio de paredes lisas y sin retratos,

sin muebles y sin ornamentos.

Un lugar donde la memoria no tiene otra escapatoria,

que hurgar en los recuerdos de si misma,

los que tienen polvo y telas de arañas,

pero que no se han movido de allí.

Un espacio donde hay tiempo y silencio,

para comenzar un viaje desde lo más profundo,

llegando al presente y reflexionar.

Un lugar que parece ser el escondite perfecto,

para un prófugo que se oculta harto

de “la vida normal”…desertor de la codicia cotidiana,

hastiado de las miradas criticas y dominantes que nos manejan.

Cansado de los objetivos vanos y comunes.

Un lugar que a pesar de parecer una celda,

es el portal para ingresar a las cosas mas divinas de la vida.

Abrir de una vez por todas,  la puerta

que nos dirige a nuestro yo interior,

y buscar la felicidad,

desde su expresión mas simple,

pero excelsa a la vez…



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