Yarco

EN UN CANTO

Esa voz que en un canto, fue el encanto que hasta ahora no acaba, soy culpable de este encanto ¡lo merezco!  insistí que me cantara. Como un duende encarnado en la mujer que he mirado, caminamos sin sentido a un lugar deshabitado;  Iba ansioso y animado a escuchar su melodía y entre el eco de aquel sitio su voz era encantadora,  es lo que me tiene ahora su recuerdo más que vivo. Su mirada agresiva, dominante, bella y fría; pues así quedo en mi mente y aunque había tanta gente, a ella me acerque ese día. Me arrepiento por haberle insistido tanto, tanto, pues quería escuchar su canto y no quedar encantado; ahora que no está a mi lado, no sé cuál sea su pasado, su presente o su futuro;  pero sé que lo más seguro, no volveré a ver a Diana, que aquella triste mañana, después de una larga noche, de canto sueño y trasnoche; no volví a saber nada.



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