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UN GRITO DESDE EL SILENCIO

Soles leprosos van cayendo

sobre mi adormecida conciencia

Lorca invoca rojos adanes

más yo pienso verdes adanes,

habrá quienes piensen en multicolores

más yo insisto en la verde irreverencia,

verde inexperiencia de quien va creando sustantivos de lo que ve y de todo

lo que imagina

¡ay! de los conquistados por la filosofía

de un mundo nutrido de artilugios

y teoremas por un capitalismo

que mañana propondrá hacer jabones de nuestros cadáveres,

¡ay! de los corazones que al grito de revolución agitan hasta las entrañas

mas frías y cerebrales,

cuando todas esas revoluciones

de un mundo mejor han sido un fracaso

sino, mirad al Este, o al Patriarca

aferrado a su isla, que languidece

y se desmorona como terrón de azúcar

¡ay! de nosotros los que creemos

en la salvación de los políticos,

¡ay! de los jóvenes que les han robado

las esperanzas y los sueños,

¡ay! de mí por mi silencio y mi abandono

que pudiendo ser luz y sal

soy uno más de la plebe que grita:

¡Crucifíquenlo!

porque así conviene.



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