Oscar Perez

Vienen los nuevos libros

Vienen los nuevos libros

 

Libros de agua, de fuego, libros de aire,

ya nunca de papel, ya nunca autografiados,

libros anónimos cual árboles de un bosque

en que ninguno sabe cuál cuidó mejor sus hojas,

cuál limpió mejor el cielo, cuál, si ha de morir,

se hará mejores sillas o escaleras o cajones

o bolsas en que echar esas manzanas o camisas.

Libros sin rival y sin autor y sin imprenta,

esos son los que tú harás, los que nos hacen tanta falta

y los que nadie osa escribir, aunque ya muchos

los escriben sencillamente andando,

echando redes en la espuma, buscando las palabras

para amar o perdonar, tendiéndose a la orilla

de un beso o de unos pechos o de un largo aprendizaje

o discutiendo en actas y barricadas con la vida.

Libros del color de todo el que respira,

libros con los huesos de los desaparecidos,

con la mitad de la ciudad viviendo apenas

y la mitad de la mitad de la mitad prevaricando,

algunos con la piel del enemigo, ese que gruñe,

hace reír, no se convence de que podemos encontrarnos,

de que nos falta una mesa con manos que repartan

pan y peces y más mesas para que ninguno falte,

un libro como el sol, simple y callado,

echando sus semillas de luz en las conciencias,

golpeando en las ventanas, ardiendo en las cenizas

de lo que fue y no fue y desde allí tomando impulso.

Libros que dirán su nombre y su apellido,

que sin decirlo habrás de hojear hipnotizado,

un abrazo les darás, irás con ellos a la cena,

al mar, a trabajar, al casamiento de sus hijos,

un libro para ver cada mañana que amanezca

con todo en su lugar, el hombre en su destino,

la tierra vuelta flor, la libertad hecha costumbre

y el acto de leer ya incorporado en cada gesto,

como quien dice al latir es que yo estoy leyendo un libro,

lo mismo al conversar, al repartir una manzana,

al alzar un edificio, al recoger unas basuras,

¿qué haces?, le dirán al que en su andamio limpia vidrios,

¿que no ven?, responderá, es muy sencillo, leo un libro,

lo mismo que el chofer que ya encendió el motor del metro,

la monja en su oración o en su rascarse la cabeza

y el niño que más bien lo que dirá es que los escribe,

lo que hará es luego leernos, para dormirnos por la noche,

lo que hará es luego besarnos, cerrar los brazos a tu lado

y dormir, sólo dormir, que es lo que hacen

los buenos libros para esperar cada mañana

seguir viviendo como tú, que eres un libro que yo amo.

 

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29 01 16

 

 



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