Fantasma de Nadie

Cien Versos

Rayando los bordes de la locura
A punto de escribir estoy cien versos:
Así, pues, mis señores,
Que comience este juego.

Primero: no se dar. En el amor
Siempre gana aquel que pierde el primero.
El blanco sólo es blanco
Si se perfila contra un cielo negro.
Segundo: todo vale si en la vida
Hay un objetivo, pero los medios
Se deben tomar en profunda cuenta,
No siempre justificarán los hechos.

Aquí haré una pausa: Tranquilos todos,
Que tengo para malgastar el tiempo
En hacer interludios. ¿Va gustando
Este largo poema? Continuemos:

Tercero: no sé dónde habré dejado
Las ganas de profundizar de nuevo...
Hace tiempo me hallo en las superficies,
¡Y no se está tan mal! Río y comprendo.
Cuarto: la vida ladra, nunca muerde,
Puede que alguna vez escupa, luego
No todos los enigmas son tan malos
Ni es benigno todo lo descubierto.

Interludio segundo: He de decirles
Que no me está gustando este boceto...
Claro que, acostumbrado a esculpir arte
Cuando veo esta hoja... Frunzo el ceño.

Quinto: podría ser que en el futuro
Me esté esperando un horizonte eterno,
Pero en estas playas de vicio y furia
No se está tan mal. Sufro. Lo prefiero.
Sexto: hace tiempo que vivo tranquilo
Desde que comprendí que echar de menos
Es perderse a uno mismo
Por el aire sin sombra de un recuerdo.

Estoy perdiendo la cuenta: eso es malo
Y no sé por qué sigo... ¡Grave tedio!
Quién me mandara a mí
Poner mis manos en tal crudo aprieto...

Séptimo: los embustes del cariño
Sólo se ven mejor si es desde lejos.
Las cosas cercanas parecen buenas
Escondiendo las fauces en tu cuello.
Octavo: me toca a mí las narices,
Me está empezando a hinchar mucho los huevos
Cómo la poesía se me pierde,
¿Y a dónde va? Nadie sabe de eso...

¿Cuántos versos iré? Que hace ya rato
Que no los cuento. Ni me lo planteo.
¿Cincuenta y uno? ¡Si aún hay muchas cosas
Que quiero yo decir... Pero no puedo!

Noveno: la muerte llega y de pronto
Nos quita un amigo de entre los dedos,
Un familiar, un cónyuge, un paisano,
Un amante, un socio, un hombre o un perro.
Décimo: tengo diecisiete años,
La vida por delante: ¡Yo prometo
Que sobre todo está la idea firme
De vivir para el resto!

Esto sale muy fácil. Sale solo,
A pesar de que me falta el deseo
Y las musas escapan de su celda,
¡Volved, que os llamo! ¡Dadme un solo beso!

Undécimo: vivan los hombres pobres,
Maldito el poder que tiene el dinero.
Hoy los nigromantes llenan los bancos
Y las finanzas son los nuevos duelos.
Duodécimo: maldita avaricia,
Malditas las condenas de los presos.
Amnistía para los corazones
Que sobresalen siempre de los muertos.

Tic-tac, tic-tac, todo se va apagando.
Algo me llama desde el alto cielo.
Tic-tac, tic-tac. No me llegó la hora,
¡Que Dios me reviente sin yo quererlo!

Décimo tercero: ya se complica
La rima a partir de estos derroteros:
He de andarme con ojo, me persiguen
Oscuridades de hoyos y sabuesos.
Décimo cuarto: el sol nunca se apaga,
No puede con él todo el universo,
No pueden las aguas, menos los odios,
Y ya ni te contara de los hielos...

Vamos a acabar ya, que ya me aburro,
¿Cuántos eran? ¿Cien? ¿Uno? ¿Quizá ciento
Un versos? No. Eran cien. Estoy seguro:
¡No me hagáis pronto olvidarme de esto!


Décimo quinto: el olvido no llega
Con la puntualidad del hombre austero.
Se suelen dar prisa el amor y el luto,
Y suelen tardar la amistad y el sueño.
Décimo sexto: última vez que os digo;
Amigos, este es mi último consejo:
Hemos de reinventar la poesía,
Así nos lleve mil vidas en ello.

¡Noventa y siete es esta misma línea!
¡Noventa y ocho el verso en que me encuentro!
Me hallo ya en el penúltimo renglón:
Cien. Buenas noches. Fui capaz... Lo sientošŸ˜„



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