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92. RELATO

 

 

92. RELATO

 

 

MIS DÍAS EN CUBA(Autor desconocido para mi)

 

 

Viaje toda la noche para llegar a Cuba. Estaba oscuro al tocar la puerta de la casa particular que reserve para quedarme tres noches.

- "Solo me gustaría dejarle la mochila"- Le dije a la mujer vestida con su camisón quien, al abrir la puerta, me dio los buenos días.

El pelo largo y castaño le caía sobre el rostro como tapándole los sueños. Me invito a entrar a un salón grandísimo con solo tres ventanas tan altas como las paredes de la calle.

Puse la mochila detrás del portón, pero ella me advirtió que la pusiera en su cuarto.

- "El perro desarma cualquier cosa que no le es familiar"- Dijo.

En su cuarto adivine el aroma de su cama. El momento fue corto, pero suficiente para sentir que el calor y el deseo invadían mi cuerpo.

Camine por la ciudad que apenas se despertaba. Busque en donde tomarme un cafe, pero los lugares para turistas se abren a las 9:00 a.m. Decidí ir a la casa particular y esperar a uno de sus cafecitos azucarados.

Dos días y medio pasaron desde que me instale en su casa. En las tardes me sentaba en una mecedora de metal con la leve excusa de leer, pero en esos días para mi sorpresa no había vuelto a ver a aquella bella y gentil dama, parecía extraño pero me hacia falta ya, su presencia y sus delicadas palabras.

La vi salir de un cuarto de baño. Estaba descalza, con el cabello mojado y vestida con una bata casi transparente, se acerco muy lentamente hacia donde yo me encontraba, me incorpore ante ella y nos miramos por unos segundos, de eternidad.

- "Estuve unos días fuera, espero que Rebeca lo haya atendido muy bien señor"- Dijo ella tímidamente.

- "Si, la verdad que me atendío muy bien... pero... - empecé a titubear sobre lo siguiente que iba a decir- su presencia hizo falta y se extraño por estos días- Términe por decir.

- "Bueno pues espero no volver a ausentarme- Me sonrío y continuo diciendo- Por cierto, ¿a qué hora quiere desayunar mañana?- Me pregunto.

- "A las 7:55 a.m., por favor- Le respondí.

Mientras , ví sus piernas bronceadas cuando se acerco aun más a mi y con una gesto de privacidad me sonrío, su voz penetro lo mas hondo de mi ser.

- "Esta bien"- Dijo para que la viera a la cara. Levante la cabeza y ella, empezó a reír.- "Nunca lo voy a olvidar"- Me dijo.

Para ella era extraño que alguien le pidiera desayuno a las 7:55 a.m. La gente prefería dormir cinco minutos más.

La risa se le convirtío en una dulce carcajada llena de sensuales movimientos de senos que sobresalían a la tela que la separaba de la desnudez.

Llegó el perro con su particular olor para advertirme que no estábamos solos en esa casona donde siempre se dieron amores clandestinos.

- "Siempre huele igual, aunque mi esposo lo bañe a diario- Me dijo para decirme que era casada.

Su esposo había sido incorporado al servicio militar. Llegaría esa noche y, de paso, traería la miel para endulzar la ensalada que me daría al día siguiente a las 7:55 a.m.

- "Por favor- dije- siéntese en la mecedora que esta frente a mi y ponga sus pies sobre la mesita, yo se los acariciaré con los míos. Los suyos están calientitos de tanto estar desnudos deambulando por el piso ardiente de la casa donde suele pasar su desnudez. Quiero el desayuno a las 7:55 a.m., ¿sabe por qué? porque no quiero dormir cinco minutos más; que me bastan para amarla por siempre".

Desayune sin miel porque había decidido volver antes de que se me ocurriera quedarme por siempre en esa ciudad .

Cuando llego el taxi, ella vino a despedirme.

- "¿A qué hora desayunaras cuando vuelvas?"- Dijo ella.

- "A las 8:05 a.m., para quedarme en tu cama un ratito más"- Le dije.

Dentro del taxi, la vi secarse una lagrima y a mi se me seco el corazón.

 

 

 



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