Diógenes Díaz Torres

LA GRAN NOCHE

 

Era la gran noche, sus nervios activados

luces, sonido, acción y millares de aplausos

el poeta, se persigna y entra saludando

hay euforia colectiva, un verdadero mar humano.

 

Una suave melopea, le acompaña al declamar

es su poema favorito, porque le transporta al pasado

al más lindo de los amores, allá en su tierra natal

cuando sobre una yagua, se lanzaban cuesta abajo.

 

Y planificaban el futuro, a espalda del destino

profesionales, casados, con al menos cuatro hijos

pero un adiós rompió la magia, mató sus ilusiones

los adultos y su cordura, separaron a los jóvenes.


La enviaron a otra tierra, sugiriéndola a otros brazos

para que la distancia y el tiempo hicieran su trabajo

pero hay amores que no mueren, sobreviven en pedazos

aguardando en silencio, el veredicto de los años.

 

Ya no existe la cuesta, le dio paso al desarrollo

de la yagua ni hablar, el terreno es arenoso

ellos, dos seres normales, con dueños y secretos

cofres de un sentimiento al que todos creen muerto.

 

Y así transcurrió la noche, entre poemas hermosos

donde el público complacido, siempre pedía otro

y aquellos más románticos, humedecieron sus ojos

los críticos coincidieron, en que fue majestuoso.

 

Ya era por la mañana, y el artista leía la prensa

emocionado, exclamó, ¡gracias mi Dios por el logro!

se disponía a guardar, los diarios en una credencia

cuando una nota curiosa, le desorbitó sus ojos.

 

Anoche, la seguridad le impidió a una hermosa dama

llegar hasta el escenario, arrastrando una yagua

ella dijo entre sollozos, "yo sé donde hay una cuesta

por eso traigo la yagua, déjenme hablar con el poeta".

 



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