Alexander Cambero

Me lo gritó tu piel...


Me lo gritó tu piel siendo fuego entre mis besos. Juntos fuimos hasta la última frontera del deseo, caricias que bordearon tus pasadizos de mujer incomparable; un amor cimbrado en tus hechizos, atrapado entre el nido del fulgor de tus ojos y el deseo irrefrenable de llenarme de ti. ¡ Oh, saeta del precipicio llévame contigo, hazme el más feliz de los mortales al consagrarme en tu cielo...¡ Quiero escuchar el susurro de tu brisa, que la pasión no claudique entre los dardos de las ataduras. Que siga hablándome el fuego de tu hoguera, llamaradas de este amor que lo vence todo, hasta el recato de la mujer prohibida. Que vuelva la noche de luna plateada para desnudar las ansias; vestirlas con el anhelo de llenarme de ti, ser el más dichoso cuando mi boca tenga el aliento de tus besos...


Tiembla la tierra bajo mis pies, cuando me sacuden inclementes los recuerdos, las estrellas estaban celosas ante el brillo de nuestros besos, fuegos candentes los cuerpos en la entrega sin limites, bajo el manto de la noche, caricias de los vientos, hicieron deleites y el sonar de las trompetas del tiempo. Todo quedó estático un estacionar del paisaje, los mares con su olas danzando caracolas, los susurros torpedeando mis esferas, y el calor de la pasión emergiendo del centro de las tinieblas, llenando de gozo mis quimeras, hasta hundirme en el abismo de los insondables miedos, al encuentro de los dioses donde dejé mis pesares, para regresar libre y desnuda a ofrendarme en tus altares... Y cobijaron delicias tus calores, hasta el despertar la luz de los sueños, que nos hizo preso de la distancia y volaron las gaviotas lejos de los mares, llevándose las esperanzas y desapareció la bella luna plateada junto al amor en la alborada. Pero espero que vuelvas a llenar mi barca del tesoro de tus besos y te hagas en mi ocaso el mas feliz mortal entre mis brazos.


Me lo gritó tu piel...
entre cálidas e irrefrenables llamaradas,
de nardo... el deseo perfumado...
en el valle magnánimo de mis besos,
mis manos se volcaban muy despacio
entre senos de pálidas auroras,
mientras de mi labio brotaba
ímpúdicos anhelos...
en los campos virginales de tus horas,
me lo gritó tu piel... amada mía,
como ave cantora que embelesa...
entre labios atónitos de espasmos
aún ardo... melancólicamente enardecido,
en el imperio inextingible que te honra,
y entre tórridas esquinas de silencio
y de párpados vacíos de abandono
atónito... me desangro en primavera,
entre sueños asaetados de cordura...
y labios... entreabiertos de quimera,
hoy me vierto herido en mis anhelos,
de tu piel... que en su nieve...
mi labio sueña y besa...
entre mares... huidos de abandono,
e ingrávidas... canciones perfumadas,
melancólica... y módicamente enardecido
en el imperio compungido que te sueña.
AUTOR: JOSÉ A. PANIAGUA MARTÍNEZ.


Me lo gritó tu piel
sudorosa y fui tu
poema un instante.
Un cáliz ,una música suave
una flor abierta,
un clamor incesante,
Habitándonos en uno
como grandes amantes
N.M


Quisiera mi cuerpo torpedeado por los vientos,
retroceder el tiempo y unirme a tu juventud,
donde habitan mis anhelos, juntarme a tu ser,
de insaciable amante, en lujurias de la mente,
volar las noches bajo el encanto de ese embrujo hacia la luna plateada, y encontrarnos al amanecer, convertidos en llamas fulgurantes de la malquerida eterna morada, donde es imposible el regreso y viven las almas sin arrepentimientos.



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