Antonio Portillo Casado

LA MUERTE.

I

Venir la oigo

y tan deseada de mí, 

que pálido y costroso

se me queda el rostro.

II

¿Por fuera tengo alegrías?

Llantos poseo por dentro

porque sé que fuera, 

no tengo ni el aliento.

III

La muerte que llore quiere. 

Él me dice: "ríe no llores, 

ya que ese llanto

no riega las flores, 

ese llanto no llega siquiera al manto".



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