Nocturnal Poetry

La prisión del guardián.

Viví siempre como lo quise,

Nunca le temí a nada que no fuera yo mismo,

Los dioses temblaban al oír mi nombre

Y rendían sus pendones cien naciones a mis pies.

Mi leyenda se escuchaba en cada risa,

En cada llanto, en cada tristeza, en cada agonía.

No hubo cadenas que lograrán atarme,

Ni cárcel en qué aprisionarme,

No hubo ser más odiado y temido,

No hubo quien pudiera conmigo.

Los mares no me enviaban tempestades,

El viento siempre soplaba mis velas,

Ni si quiera el Hades deseaba mi alma,

Era un inmortal sin ninguna pena.

Pero a pesar de todo, el destino no podía quedarse sin tirar cartas,

Y en menos de lo que golpea el viento las hojas de otoño,

Se crearon cadenas capaces de detenerme,

Una jaula capaz de encerrarme y piedra capaz de golpearme.

Se me despojó de inmortalidad alguna,

Se me arrebató mi libertad montuna.

De pronto el viento empezó a congelarme,

El mar a ahogarme y el sol a quemarme,

Se escuchó al Hades hablando de justicia,

Y al Olimpo maldiciendo mis osadías,

Por fin pudieron conmigo, pudieron detenerme, me hallaron verdugo.

Descubrieron como cegarme y empecé a morir viviendo,

A escuchar sin hacerlo, a caminar arrodillado,

A llorar sin llanto y reír sin canto,

A soñar despierto y sentir sin tacto.

Ya se hablaba de mi fin,

Se escuchaba de mi derrota y proclamaban victoria,

Mas ya era tarde, ya nada importaba, ya no había salida,

Ya me habían capturado, ya me había enamorado…



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