JOED MOSI

La última cita.

"Tan relativo lo eterno,

Tan unidos ellos dos,

Que aun en el olvido

siguen juntos"

 

Joed Mosi.

           

"Es casi ley

Los amores eternos

Son los más breves."

 

Mario Benedetti.

 

La última cita.

 

           

            -Disculpe usted; ¿alguna vez vio las rosas quejarse por su hermosura? Existen quejas que no se dicen, hay jardines secretos llenos de rosas quejumbrosas.

 

                Esto que hoy leerá no es mío, pero el destino quiso que fuera yo quien recogiera esas dos cartas y una vibración interior me llevo a hacerlo público, tal vez con ello, consiga que los autores se enteren de lo que no pasó; las notas a las cuales me refiero dicen lo siguiente:

 

            ¿Y qué si no llegas?, al final de cuentas sé muy bien que no vendrás, esta espera sin esperarte, no depende tanto de tu presencia, es más que nada una cita con el recuerdo y una promesa cumplida. Llegue al lugar donde hace 3 décadas sonreímos y jugábamos a ser felices, por desgracia ya no está la banca que se volvería al pasar de los meses nuestro punto de reunión sabatino, ni el guardia de seguridad que resguardaba las puertas del museo, tal vez se jubiló, o por su edad puede que esté muerto, ve tú a saber que tantos finales pudo haber tenido su rutinaria existencia.

 

            ¿Recuerdas el árbol que nos cobijaba del sereno?, ya está seco y sólo queda parte de su tronco como un acto de rebeldía contra la muerte, todo en este sitio es tan diferente, o tal vez no tanto, posiblemente sea mi percepción la que ha cambiado, algo así como aquella frase de Heráclito que yo confundía con  proverbio chino, ¿la recuerdas?... esa que decía “por más que te bañes en el mismo río nunca será la misma agua, ni tu serás la misma persona”. Ni la misma frase se salva de las variantes del tiempo, pero bueno en esencia sigue intacta.

 

            Ya ha pasado más de la media hora, y por desgracia ni tu llegas, ni el reloj detiene su curso, si, ya sé que te he dicho que no te espero, pero bueno, aun tengo un suspiro de esperanza en que llegues, una posibilidad retiene la ilusión de verte de nuevo, pero vale, a qué jugamos, si de sobra sabemos que no recuerdas mas allá de mi nombre y de manera difusa alguno que otro momento juntos, es una petición cósmica el pedir que recordaras nuestra cita, te lo dije, seré pasado.

 

            Hoy puede que estés en algún festival del colegio de tu hija Insomnia, porque ha de tener ese nombre, recuerdo cuánto fantaseabas con llamarla así y lo cómico que era el imaginarnos jugando con ella, o regañándola, en este preciso momento al recordarlo rio y el recuerdo me da un poco de pena, pero que va si todos cuando nos enamoramos hacemos ese tipo de cosas, bueno tal vez eso de los hijos no todos. ¿Y si en vez de niña, fue niño?... ammm, maldición no recuerdo que nombre habías pensado para el caso que fuera hombre, tal vez ni lo pensaste, o tal vez pensabas ponerle insomnio, no, no lo creo, eso suena muy poco a ti, tu creatividad estaría ofendida si hubieras escogido ese nombre, que lástima que no recuerde aquel nombre que pensaste, tal vez se llamará como su padre, porque dudo que tenga el nombre de tu padre, eso hubiera generado un conflicto marital y en tu naturaleza por no tener problemas habrás cedido en que fuera el nombre de tu esposo el que se plasmara en el acta de nacimiento de tu hijo, digo tu esposo porque has de estar casada, ese era uno de tus mas grandes sueños y una de nuestras últimas discusiones, y si, aún sigo pensando que el matrimonio es una pérdida de tiempo, por si te saltaba la duda. Pero es extraño que muy a pesar de mis ideas contrarias al matrimonio, haya tenido sueños en los que tu y yo éramos los protagonistas de una ceremonia religiosa, he de confesarte, te vez hermosa de vestido blanco, eso sería lo único que salvaría a la idea del matrimonio, pero luego me doy cuenta de que en esa escena no estamos solos, a nuestras espaladas están tus padres, mi madre llorando como si fuera un funeral, tu amiga de universidad, los amigos, el admirador secreto escondido detrás del antifaz de “mejor amigo” (una soberana putada), y junto a todos ellos, los demás, esa gente que llena vacios, con los comentarios inútiles y las envidias absurdas, después de recordar a todos ellos vuelvo asqueado a mi idea. El matrimonio y sus protocolos, son una pérdida de tiempo y dinero. ¿De qué sirve que uno firme un contrato matrimonial?, ¿Eso garantiza fidelidad?, ¿Hubiera aumentado el amor?, no lo creo, mejor yo me quedo fuera, ese juego no es para mí yo soy de la idea de que la solemnidad del matrimonio está en la cama, en el “buenos días del lunes”, en el “buenas noches” del viernes y en el romanticismo de una tarde de domingo, lo demás es basura, si no lo sabré yo que vivo de tantos arrepentidos del matrimonio, de hacer convenios de separación de bienes, demandas de divorcio y pensiones alimenticias, el amor no es algo que se pueda protocolizar, no debería ser objeto de un contrato, es el sentimiento causados por las atenciones e impulsos generados por los actos de otra persona, ejecutados en pleno goce de sus facultades mentales y libre elección. Bueno disculpa, me he desplayado, este tipo de comentarios no tienen sentido a estas alturas de la vida.

 

            ¿Recuerdas al niño que pasaba vendiendo golosinas y cigarrillos? Por un momento creí haberlo visto, pero la realidad me jugó una mala pasada, pues olvide que para estas fechas, aquel niño ya ha de alcanzar los 40 o 42 años, tal vez por estar recordando los ayeres me traicionó el subconsciente, sí, eso ha de haber sido.

 

            El reloj sigue avanzando sin importarle una mierda que yo esté contemplando mi pasado, no sé tu, pero yo tengo un pleito constante con el tiempo, siempre arruinando todo, ¿recuerdas cuando me ponía serio e iniciaba el debate del tiempo y su relatividad? Nunca salía bien librado de esas disertaciones, o terminaba dándote la razón, pues de tanto pensar me dolía la cabeza, o ya había pasado mucho tiempo y teníamos que despedirnos y como siempre el que ganaba era cronos, imagino las muecas que estarías haciendo al escuchar esto, y me dirías “ay, vas a seguir con lo mismo, entiende que mientras tu discutes la naturaleza o la importancia del tiempo, el sin inmutarse sigue su camino, no pierdas el tiempo entendiendo el tiempo”. He de confesarte que duré días en entender eso y cuando por fin se aclaró en mi mente, me dio coraje, pues tenias razón y muy pese a ello lo seguiría haciendo, es parte de la necedad de ser necio, y he aquí una razón más por las que decidimos separarnos, ¡auch!, duele confesarlo, pero se siente bien, es como vaciar la maleta, si, mis comparaciones siguen siendo absurdas.

 

            Si pasaras por acá en este preciso momento te daría un ataque de risa por verme tirado en el piso boca arriba, en  esta placilla, imagínatelo, un cincuentón de escaso cabello, con la frente arrugada, con pantalón de vestir y camisa manga tres cuartos de negro en pleno día ya no sé si es normal o ajeno a mi edad, pero al parecer a los transeúntes se les hace algo atípico, para una plaza de puerto.

 

            Me hubiera gustado saber si conseguiste inventarle buen final a la botella que tiramos al mar con nuestros versos, ¿la recuerdas? Yo sigo yendo cada fin de semana al lugar donde la arrojamos, haber si de casualidad rueda hasta la orilla, son muy pocas las posibilidades, pues tal vez chocó con una roca y se quebró, mojándose nuestras letras y al tiempo desintegrándose en el agua salada, bueno, siendo así podríamos decir que nuestras letras están mezcladas en el inmenso mar, que cabalgan con los caballos blancos de la espuma de las olas, y que traen buen augurio a los pescadores. De tantos finales que he inventado, éste es el que más me ha gustado, pero conocedor de tu extensa imaginación, se que tú pudiste haber inventado algo mucho mejor, algo mas ad hoc a lo que fuimos nosotros, y con ese deseo me he ido a dormir y esas veces sueño que estás conmigo en el malecón, ansiosa y desesperada por no omitir  ni el más mínimo detalle me vas contando del que para ti sería el mejor desenlace de esa historia y yo sin moverme ni despegarte la mirada voy dejando que la mente genere escenarios para tu relato, eso era lo que acostumbraba hacer cuando después de tanto insistir lograba que me contaras algún libro, o hasta la rutina de tu día, me fascinaba crear escenarios solo para ti y a base de lo que tu decías, ¿recuerdas que esas eran las veces en que conseguías que me quedara mudo?, hasta el punto que creías que no te ponía atención, a lo que siempre te respondía que tenias toda mi atención, y que por ello no me atrevía a decir absolutamente nada.

 

            Muchas veces esperé que me buscaras sin mediar algún pretexto, que fuera un motivo lo que te hiciera regresar a mi, un sincero “te he extrañado”, o en el peor de los casos un “como has estado”, eso fue lo que me mantuvo vigilante del móvil hasta el amanecer, fueron meses de esperanza, hasta que la realidad me abrió los ojos, y dejé de esperar tu llamada, ¡ha! pero si por razón de la profesión algún cliente en apuros llamaba después de la media noche, el corazón se alteraba y las emociones renacían y en cuestión de segundos preparaba un guión de lo que te respondería, pero al activar la llamada y percatarme que del otro lado sonaba una voz preocupada que decía ¿abogado?, en ese mismo momento regresaba a lo común, a lo corriente de mi ropa de dormir, a recordar donde había dejado los zapatos y al trabajo de defensor de borrachos o menores infractores, a la jerga de la barandilla. Para finiquitar esas desilusiones de media noche opté por apagar el móvil antes de ir a dormir, no te miento, los primeros sueños fueron buenos, tan buenos que no los recuerdo, pero sabes que son buenos cuando al despertar sientes las energías renovadas y el positivismo de despertar en un nuevo día, hoy entiendo el miedo de mi madre al dormir y su alegría al constatar que había despertado de nuevo, recuerdo aquellos días de primaria donde me molestaba tanto su alegría por despertar temprano y salir al patio a ver el brillo del nuevo día, ¿quien en su sano juicio hace eso al despertar?, hoy puedo decir que se necesita una pizca de locura para apreciar el nuevo día.

 

            El problema de apagar el celular antes de dormir fue que nadie me podía encontrar en alguna urgencia, tal vez así estaba bien, pero cuando alguien se debate entre cortarse las venas o dejárselas largas es más que necesario un amigo, y yo no fui, yo no estuve allí para él, ¿si recuerdas a Germán, verdad?... hace tiempo que dejo este mundo, optó por la vía rápida, pero como su confesor que era, antes de tomar su última decisión me llamó, pero mi teléfono estaba apagado y el muy hijo de la chingada, me dejó un mensaje de voz, como para atormentarme el resto de mi existencia, muy a su forma de ser, ¡todo un cabrón!, aun sigo apagando el teléfono antes de dormir, total el que se vaya a ir ya sabe que puede dejar mensaje de voz.

 

            Estoy por quemar el último Camel, y me brota una respuesta a aquella pregunta que tanto repetías, ¿la recuerdas? Esa de ¿Por qué te gusto?... si la recuerdas posiblemente recuerdes mi respuesta “porque eres diferente a todas”, una respuesta algo inmadura, hoy las canas me permiten tener una respuesta más certera, me gustabas porque en cierta forma eras distinta a las demás, hablabas sin preocuparte si tus palabras herían o no, tu sinceridad era más pura que el agua potable, en tus modales no existía la posibilidad de la infidelidad, eras madura en tu querer quererme y eso es algo que no crece en los árboles.

 

            Lo más increíble de todo esto que aun que han pasado tres décadas, sigues marcando mi presente, sigo preguntándole a tu recuerdo si lo que hago está bien o mal, que sigo pensándote como si fuera a verte un día más, aquellos días en la mente están tan presente que siguen dirigiendo mis pasos, y aun que alguien más me acompañe y tu tengas una vida muy lejos de la mía, sigues siendo la persona en la que sueño y a la que quisiera ver al despertar.

 

            Posdata: espero que seas feliz donde quiera que te encuentres, que cada día sea un poema nuevo, que al recitarlo te ruede una lagrima de felicidad, que los sentimientos vertidos te acaricien hasta la cutícula del alma, aunque no estés más, espero te quede claro que el tiempo que vivimos juntos sigue intacto en mi recuerdo.

 

 

Parte II

 

            -Lejos, muy lejos de aquella carta en la banca del museo de arte, esta ella, bajándose del taxi, corriendo, esquivando gente para llegar a la plaza del Beethoven en la alameda, el lugar donde quedaron que se rencontrarían, lo sé porque la vi, porque leí la carta.-

 

            Hola colega, disculpa la tardanza, pero no son más de 15 minutos (los de siempre), son exactamente las 12:15 de la tarde, bueno eso es lo que marca el reloj de la latino, no creo que te hayas ido, más bien presiento que no vendrás, posiblemente la idea de que ha pasado tanto tiempo sin saber uno del otro te haya desilusionado y creíste que lo había olvidado, ¿sabes?, me hubiera gustado verte, ¿ya estarás calvo?, ¿seguirás fumando?, que habrá pasado con tus proyectos de escribir un libro, ¿tendrás hijos?, ¿se parecerán a ti?, o les habrá caído la maldición de que se parecerían a mí, por castigo divino de dejarme, no podrás negar que sería algo bello, y más a tu forma de ver la vida, siempre tan romántico y melancólico, a veces algo aburrido.

  

          Mi vida no es como la había planeado contigo, aun que para ser sinceros ni si quiera a nosotros nos hubieran salido los planes tan perfectos que planeamos, lo que me ha tocado vivir no es del todo malo, al principio todo marchaba bien como algo que nace de un sueño, casa, esposo, dos hijos tal cual lo pintan las películas, muy parecido a la felicidad publicitaria, pero al calor de los años se fue acabando el encanto. Alguien me dijo hace mucho tiempo que hay calma antes de la tormenta… y tenías razón.

 

            Acá en la capital no para de llover, me pregunto si tú ¿alguna vez has visto la lluvia caer en un día soleado?, ¿Si recuerdas esa canción?, siempre que la escucho reapareces en mi mente, manejando la cherokee, y yo de copiloto rumbo a la central de autobuses, donde nos despedimos por última vez, se que no es verdad ya que nos volvimos a ver una vez más, pero para mí no cuenta, esa última vez los dos estábamos más fríos ya éramos témpanos, o moríamos de hipotermia auto-inducida, son recursos del corazón para no quebrarse en plena escena. Por esos recuerdos mejor me quedo con los Creedence en tu auto estéreo y tú en la central diciendo adiós, tú también habrías preferido esa postal como el final.

 

            Mes siento un poco idiota escribiéndote esta carta, porque sé que no llegara a ti, no sé que contarte, deberías de estar aquí, para que fueras tú quien formulara las preguntas. Esto de estar escribiendo en una plaza no se me da, la gente viene y va y uno que otro voltea curioso a ver qué es lo que hago, eso cohíbe, pero en una ciudad tan grande tienes que aprender que la gente mira sin mirar, que cada quien está en su mundo sin importarle si a su lado alguien llora, o alguien sufre un robo. Hace un año fui víctima de un asalto en el estacionamiento de un centro comercial y creerás que nadie se acercó a ayudarme, la gente en la capital es muy fría, por fortuna no pasó más allá del susto y una bolsa nueva, ¿recuerdas la vez que nos asaltaron?, me disculpo por aquel mal rato, yo necia de ir por aquel camino solo y poco alumbrado (la verdad quería que me siguieras, lo imagine romántico) nunca pensé que fuéramos a ser blanco fácil de un asalto, pero tú también tienes culpa, porque recuerda que te avisé que alguien nos seguía y tú muy cómodo dijiste que no, que el muchacho estaba ocupado en su mundo que iba transitando como nosotros y que equivocado estabas, aun me duele haber perdido mi collar, pero te pido disculpas por las ofensas que te dije después, estaba furiosa y sentía mucha impotencia, ¿Recuerdas que ese collar era regalo de mi padre?, en fin, nos salvamos juntos, una de tantas veces, ¿Cuántas veces no estuvimos al borde y salimos ilesos?, recuerdas aquella vez que nos quedamos hasta el anochecer, en un cerro a la orilla de la playa, que nos corrió la policía, no puedo olvidar tu cara de nervios cuando te preguntaron qué hacíamos, ¿habrás vuelto a visitar ese lugar?.

           

               De cierta forma tendría mucho que hablar contigo, o reclamarte pero no sé, ya no tengo fuerzas para hacerlo o tal vez el hecho de que no estés cause mi apatía, sabía que faltarías, cuantas veces hicimos promesas y no cumpliste, ¿qué me hizo pensar que sería diferente?, no lo sé, en realidad confié en el tiempo, en lo que nos decíamos con la mirada, en aquel final con puntos suspensivos, no, no te extraño, en realidad no cambiaría la vida que llevo por algo contigo, ¿pero cómo explicarte?, suceden cosas que me gustaría contarte, momentos en los que me hubiera gustado escuchar tu risa de complicidad, frases que me hubiera encantado compartir contigo y saber que opinabas, vestidos y zapatillas que hubiera adquirido si tú me hubieras dado tu opinión, tal vez por darte la contra o por agradarte, pero no creas que te he extrañado o que me haces falta, no, en verdad, no, pero es que tal vez tú y yo creamos un vinculo tan fuerte que no quebró nuestra ruptura, ya no sé si logro explicarme, es mas a veces no sé si todo esto que te dijo es mentira, no sé si en realidad sea el vinculo tan fuerte, o que no he dejado de quererte, pero de ser así, tú también me has de querer porque estoy plenamente segura que no fui solo yo quien se enamoro, a ti también te ha de ver dolido, y podría ser esa la razón por la que no llegaste hoy, cobardía de verme y demostrarme que no has dejado de quererme. No es verdad, olvida todo esto me deje llevar tal vez el día nublado altero mis emociones, descuida, sé muy bien que lo nuestro termino hace mucho y que tal vez fue lo mejor, bueno eso es algo que prefiero no pensarlo, pero lo que sí sé, es que si hoy no estás aquí no fue por cobardía, entiendo que ha pasado mucho tiempo como para que lo recordaras y pues quien soy yo en tú vida a estas canas (espero que mínimo un buen recuerdo), de verdad disculpa, me deje llevar.

 

           Como te comenté antes, tengo dos hijos, una niña que ya no es tan niña ya tiene 22 años, y ¿Qué crees? Se llama Insomnia, tal como lo habíamos planeado, la deberías conocer es tan inquieta, muy curiosa y rezongona como su madre, te caería bien, le gusta la literatura, ¿a que no creerás cual es su autor favorito?, Herman Hesse, si, mi querido amigo, igual que el tuyo, la hubieras visto cuando se enteró que me gustaba el libro de Sidharta, no podía creerlo, me pregunto que por quien lo conocía, no supe que decirle, le inventé que lo había leído en un PDF en internet, no te mentiré que sentí tan bonito saber que mi hija tenia gustos como los tuyos, y es que de alguna que otra manera aquellos años juntos marcaron nuestra vida y fijaron la esencia de nuestros pasos, a un sigo tomando café cuando llueve, ¿si te acordaras de eso, verdad?, cada que empezaba a llover decías, vamos por un café y parecía que el mundo se acabaría si no lo hacíamos, me molestaba la prisa que tenías por tomar café esos días, aun no entiendo porqué lo hacías, pero disfruto de un buen café viendo la lluvia caer, se asemeja a lo que fuimos, placentero, momentáneo e inexplicable.

 

            Tengo un hijo que se llama como su padre, en lo personal me hubiera gustado que se llamara como el mío, pero ya sabes, no quería discutir con el orgullo masculino, así que decliné y se llama Felipe, es buen muchacho, está por cumplir los 19 años, un poco presumido y galante, ha tenido más novias que notas buenas en la escuela, pero es noble, lo que me preocupa es su gusto por las fiestas, su papá le permite todo y eso es lo que ha causado los últimos problemas en mi relación, me preocupa que llegue tan tarde a casa, pero su papá dice que es hombre y que tiene que saber cómo cuidarse, ya sabes esas ideas machistas, que nuca cambian y por acá en la capital son más arraigadas, los hombres son mas posesivos, figúrate que para poder venir a la cita que no llegaste, tuve que planear una cita con las amigas desde hace dos meses, eso da coraje, que no estés después de todo lo que he tenido que pasar para estar aquí como tonta escribiendo lo que te quería decir, pero entiendo que tal vez lo has tirado al olvido, ya que más da.

 

            Cada que recuerdo lo que vivimos me asalta la duda ¿Hubiéramos sido diferentes, tal vez algo distinto a esta realidad?, luego respondo, que de haber sido así estas letras no hubieran existido, ni mis hijos, ni los buenos momentos que he vivido con mi familia, seriamos celo y reconciliación, amor y odio, pero algo muy semejante a la literatura que ya no se escribe, me da gusto que este momento haya llegado, aquí te dejo mi adiós y suelto las amarras para que seas feliz, mi querido recuerdo.

 

            -Es en estas líneas donde se esconde el reproche y las quejas de las rosas, que nunca dicen, cuando son hermosas, que solo expresan cuando se marchitan.

 

            Estimado lector, disculpe usted tanta melancolía, no fui capaz de adecuar ni una sola línea, pues tal vez ellos, los autores de tanto drama se amaron lo suficiente para ser recuerdo eterno, y es menester de este testigo hacer público estos sentimientos, posiblemente así se enteren de sus letras de respuesta y puedan ser felices, cada quien con su cada cual, pues si se quisieron uno o dos años,  fueron los suficientes para no olvidarse nunca.

 

Joed Mosi...



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