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Rara ave

Rara ave.​

Cumbre de inaccesible cima, morada de la inquieta luna

númen de suave soplo, inflama el estro de mi pluma
cincela las letras de mis versos, aleja la espesa bruma
vuelve claridad y esfuma las espinas y los cierzos.
Vierte en su candor las castálidas aguas, aposenta en sus honduras
el cristal de mis lágrimas, vuélvela sensible al clamor que me tortura
abre su corazón a mi desventura.

Si he de padecer en lejana indiferencia, el horrísono sentir de no tenerla
se sufre mas que en alejada ausencia con breve cercanía no poseerla.
Giran las deshoras de mi tiempo, senderos pedregosos he pasado
siento el vendaval sosegado, llegando la calma a mi tormento,
ásperos momentos han partido, habitan en el reino del olvido
son hojas amarillas, tristes pergaminos, atadas con las cintas del destino.

El amor es rara ave que repentina emigra
dejando soledades y cruentas amarguras
y con distinto plumaje a otro rumbo arriba
posando con sus alas sus frágiles ternuras,
sufre el que sigue amando, cuando al que quiere ha partido
sin resignarse a que no es querido, niégase a darle olvido,
y en su cardinal tristeza, rechaza ser querido
pero tampoco quiere por lo tanto que ha sufrido.

Mas pasada la conmoción de otrora
restañados los pesares por el tiempo
devuelta el ave en su demora
imperceptible vuelve a su aposento
y de las briznas de paja en el viento
recógelas con su frágil pico
y vuelve en renovado encuentro
a traer su amor melifluo.





 



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