jesus Alejandro Reina

¿Cuando llegarán los ángeles?

¡Sal inmundo demonio de mí!
Limpia las memorias,
limpia las barracas;
presas las olvidadas luces
que de tenue confunden
y me hacen lamentar estar vivo.

Gota a gota vierte el placer,
oscuro placer de los perdidos.
En el tablero de los difuntos,
con truenos en el planeta,
muestra de errores humanos.

Más que un paseo al infierno,
visita a las fauces de su perdición.
Expulso los fluidos,
rompo todo letargo,
arrepiento los sorbos del cáliz.
Para que hasta la muerte me ignore.
Para que al levitar entienda su misión.

Dándole la razón al tiempo
que me empuja como un amigo,
que desprende cabos limpios;
ángeles auxilian como antorcha.
Flores de mi corona infructuosa,
filia omnipotente del altísimo,
víctimas de mis inconclusa verdad,
otorgan las razones a respirar
aunque alguna sea causa de suicido.

Retardando lo parafernálico.
Miedo de todo hombre justo.
Valor de los cuervos alegres,
dueños de días y noches hemofílicas,
vetustos carroñeros de almas
¡Salgan de mí! Surquen a sus antros
para así, enorgullecerme de vivir.

¿Cuándo llegaran los ángeles?
La universal felicidad de estar aquí;
que entre recaídas y diversidad hipócrita,
venga a romper el sello apocalíptico,
tolere la maldición de amarme,
me condene a ver el génesis en sus ojos;
pase su mano por mi dolor. 
Por mis complejos,
y en mi enfermedad cure,
con el manantial de sus besos.



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