RICARDO ALVAREZ

1- VIOLINES DE TREMENTINA - 2 - LABERINTOS DE FUEGO

 

1- VIOLINES DE TREMENTINA

 

Que suenen los violines ebrios

de trementina en los largos hilos

verdes del pino.

Que se escuchen las campanas de los

cerros en un festival de alambres

donde se desenrosca tu pelo/

.

Que el arrullar en eco de palomas

traiga un festival de frenesí en la foresta.

En otro plano

que se haga lenta la pleamar

hasta inundar nuestros cuerpos de arena

aguas arriba del salitre, vuelo dulce

de gaviotas,

Orquestado rumor de caracolas,

ostras en mitad de cada ola

nácar reluciente de estuche,

resguardo de esfera perlada/

.

Ay amor,

que infinito el paisaje

que se pega al alma y danza en las pupilas

de los ojos brillantes/.

Emborrachemos nuestras bocas

de blanquecinas violetas,

que el agua no detenga

la multiplicación eléctrica

en tus frescas caderas/

 

Que el poniente se haga de purpuras

y el crepúsculo nos talle

como estáticas figuras,

inclinando las bocas de la tarde

en el roce de dos islas naranjas

que tiernamente

se acarician con inusual ternura/

 

Con afortunada pasión la espuma azul

nos carga sal de espuma

en este viaje desnudo de estrellas

cuando la enérgica luna

 asoma su vestido lácteo

con ornadas lentejuelas oscuras.

Que nos fotografíe la vida

cuando rodamos

en napas submarinas

cual dos delfines apareados,

hijos de lejanas colinas/

Anclados entre los sonidos de la tarde

y el silencio urdido en la noche nos atraviesa

con azul bonhomia

el aire se divide ante nuestra fortaleza

los labios son un derroche salvaje

donde danzan uvas esféricas,

en este mar rojo los cuellos en hiedra

se entrelazan bajo un calmo oleaje

como lapas en celo adheridas en las piedras.

 

 

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 2-         LABERINTOS DE FUEGO

 

Amada mía, la luna viene abriendo cielos

descorchando puertas nocturnas

y contemplando esta tibia brisa de gozo.

Nuevas ventanas de tus sueños

me hacen sentir las puertos de la noche.

 

Te dibujo mariposa de fuego

en la complaciente hoguera de los verbos,

conjugando la presencia  del compartir deseos.

Recuerdo bucear tus enaguas

con la cintura de tus belfos,

me tatuabas espumosa gota de diademas

como el elixir del fruto exprimido hasta  el hollejo.

 

Deja que esta noche de íntima entrega brinde

laberintos de fuego,

sorbiendo las cerezas de tu pecho

mientras tú bogas mis fondeaderos.

 

En mitad de la tormenta

que la hoguera de tu leño arda la virtud del beso.

Que ilumine la pasión esta noche de piratas.

Sucumbir lento de placer,

la oscuridad es el tránsito del reflejo,

 alucinante grabado en la piel

la transparente ilusión duerme en los espejos

 y va deshilvanando inútiles secretos.



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