J.Marc.Sancho

IGUAL QUE AL TRONCHAR LA HERMOSA FLOR

Igual que al tronchar la hermosa flor

comienza poco a poco a marchitarse,

así, alicaído ando yo

desde aquel momento que empecé

a no encontrarte.

 

Deambulando por las calles de esta urbe

que es mi pueblo y el pueblo en que naciste,

voy mirando el trasiego que transcurre

indiferente, de si un día

entre ellos anduviste.

Así es de triste esta vida pasajera

que nos lleva en un momento

del sosiego a la euforia, y de ésta,

a ese trance tan terrible que es enfermar

y sin saberlo

de este mundo despedirse.

 

Ayer eras como un rayo de sol sobre una colina,

como el árbol más alto de la vida.

Todo coraje, todo vigor, todo altruismo,

siempre dispuesto a hacer cosas,

poblado de ilusiones, de esperanza, de alegría.

Allí estabas con tus quehaceres diarios

como si esperaras a algún amigo, a alguien

que compartiera tus inquietudes, tus proyectos, tu día a día.

Siempre tan afable, siempre tan atento, siempre tan humano.

 

Me resulta imposible contemplar

la oscuridad, de ese abismo infinito donde has caído.

Parece como si una mano misteriosa de un golpe

te hubiera deshojado. Como si una mañana temprano,

entre una densa bruma, con aquel bote de madera

que de vez en cuando se te veía pescando,

la mar te hubiera secuestrado.

 

La nostalgia acampa por mi lado

con recuerdos que son presente todavía.

¡Cuánto tiempo pasamos juntos

y cuántas veces pisamos con nuestras idas y venidas

los barrios, las plazas, el centro, los puentes, el campo,

de esta ciudad que nos dio la vida y a la que dimos tanto,

siempre tan cercanos de nuestras leales y admiradas 

acompañantes las palmeras!

 

Ya ha llegado el otoño

con la misma fuerza de antaño.

Todo sigue igual,

tan brillante, tan fantástico, tan amado,

bajo este sol canicular

que nos acaricia con sus fulgentes rayos.

Solo faltas tú, para que todo sea

como aquel tiempo pasado.

¡Compañero, amigo… hermano!

Hoy es el día donde aquí, como cada año

llego con la misma languidez

que esta rosa que llevo en la mano.

Con otra poesía más, con la misma retórica de siempre,

con la misma pena, con el mismo trago.

Disculpa por mi apenado caminar

por estos pasillos atestados de agostadas flores,

donde despunta el granito, donde florece el mármol,

donde yace el olvido, donde se paran los años.

Aquí vengo,

hasta este sombrío y quedo lugar

a contemplar una vez más

tu triste retrato.

 

J. Marc. 29/09/2015



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