jesus Alejandro Reina

Tiempo

V

 

Desde una ventana donde la oscuridad zumba

los ojos de duendes, verdes esmeralda

invaden mi terror al ritmo del largar de los fantasmas

y brujas que tras cada brisa invaden mi alcoba cada noche.

 

Bajo mi cama se vierte sobre el suelo las largas manos

de un amarillento esqueleto que lucha con los juguetes

por salir a mi encuentro mientras,

 sus huecas órbitas serpentean de ellas arañas y lagartos.

 

Todos danzan y se mofan entre gritos destemplados,

hacen de mi imaginación, la realidad más terrorífica

mas, tras las murallas invencibles de mis sábanas

los peluches y la lámpara del buró, la fiesta se resume

al instante entre una casa de caramelos y viajar a Venus.

 

 

XV

 

Desde la calma de la noche,

hay algo más que no me deja dormir…

Busco. Pienso. Medito en la calma de la noche.

¿Tal vez sea Vanessa la que no me deja dormir?

Mi mente la detalla bien, desde el perfume lavanda

hasta la delicada forma de sus piernas tras la falda.

Y suspiro. En la noche, en la oscuridad apacible de la noche

Pensando… ¿Cómo besará Vanessa?

¿Cuál sabor tendrán sus labios?

Pero la rutina llueve sobre el itinerario de mañana

 y el colegio se vuelve el motivo de mi desvelo.

Las tareas hechas, los cuadernos al bolso,

todo. Sobre la oscuridad que la ventana inunda

las paredes, los posters, los tenis, la laptop…

Se vuelen poco a poco el tedioso bostezo

para oler el sutil concepto de “brisa frutal”.          

 

 

XXXV

 

Desde la tierna luz que  la estancia

rasguña  en una lámpara mate,

“la vida del maldito” no es más que cuentas

como en las que se ahorca el mundo

vendido y comprado por la discriminación más sínica:

una cuenta.

Al otro lado de la luz, yace la contradicción más hermosa,

y responde a Rebeca.

Tal querube, duerme al molde de las sábanas.

Que adorna su silueta de hombros suaves y tibios.

Es hermosa la noche, la tenuidad, el silencio, su cabello;

sobre mí, su cabeza recostada me hace pensar:

es la vida tan sencilla como el deleite al ritmo de su respirar.

Y mi mano que sobre ella acaricia, mi mente se resume

a la brega diaria.

 

Pero, tras el tiempo se vislumbra el recuerdo

y el sabor a caramelos es tan dulce

y Venus está a la vuelta de la esquina

y Vanessa… ¿Dónde estará?

Y las brujas ya no me visitan como antes,

ni siquiera los duendes corretean por el techo ya.

Y el tiempo me golpea en el  la calma que brota.

¡Ja! Brota de la oscuridad de la ventana.

Que siempre es la misma, que siempre me trae a la realidad

distinta, liviana o años más pesada. Pero realidad,

algunas tristes, algunas inexorables. 

 

 



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