Hiram Garcia

Mi gata

 

Escribiendo una poesía,

mi gata se sube entre mis piernas;

y de repente se deja acariciar.

 

Y mis dedos cansados los empieza a lamer…

Y pienso…

  • ¡Oh, qué ternura de felino! –

 

Ella me habla al oído,

y sus garras masajean mis piernas…

desde el abismo ella me guía a la luz.

 

Y no paro de acariciarla;

me hace enamorarme aún más de

su cariño.

 

La quiero como a mi hija,

como a mi confidente,

a la que le cuento todo de mí.

 

Esa es mi gata.



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