Leonardo Demian

seis y media

escarbé las cenizas y colillas de cigarro, con las que contaba el tiempo 

al fondo de las botellas vacías, pise los trozos de vidrio de los vasos rotos 

me llamé a gritos en el silencio del teléfono desconectado 

no me encontré, ni detrás de mi reflejo en la oscuridad de un monitor 

supe que no estaría colgando de las llaves pegadas fuera de mi puerta 

me he buscado por todas partes de mi casa y de mi propio cuerpo 

no me encuentro ni en mis pensamientos, ni en el deseo de encontrarme 

los relojes se han detenido todos 

las vitrinas no lucen más colores que las sombras de lo que he bebido 

ya no se si es aire lo que respiro o si es que me hace falta siquiera 

abro y cierro los ojos, siempre en el mismo día que no amanece ni anochece 

justo cuando me he cansado de buscarme o, más bien, me he olvidado de hacerlo 

miro los relojes detenidos, todos en la misma hora y apuntando al fondo de sus carátulas 

ahí, debajo de las manecillas, es precisamente donde me encuentro varado 

no supe de donde he caído ni como fue y veo la esperanza de seguir andando detenida sobre mi cabeza 

trato de dar una paso hacia un minuto más en mi vida y es un paso que me cuesta más que ningún otro minuto vivido 

como si fuera contra corriente o contra el tiempo, que me dice que ya no me corresponde, que he muerto ya 

y antes de siquiera despegar un pie del suelo me doy cuenta que después de este minuto vendrán muchos más 

que no estoy listo para seguir, que ni siquiera estoy de pie, que los relojes no andan más para mi 

que se detuvieron y no hay nadie quien pueda darles cuerda 

y dejo caer mis últimas fuerzas, dejo que se pierdan saliendo en un último aliento 

cierro mis ojos y mi cuerpo a la vida y dejo que mi cuerpo caiga sobre si mismo 

detengo las ideas y los recuerdos, todo es silencio, frío y muerte a mi alrededor 

de pronto, en mi garganta brinca un sabor amargo seguido de un dolor como agujas 

y en mi pecho empuja desde dentro un latido fuerte, molesto, iracundo 

siento la sangre golpearme la cabeza y sin quererlo abro mi boca, tragándome un grito 

un aliento que grita hacia dentro de mi, que me levanta de un salto y ciega mis ojos 

estoy de pie, al borde de una elección, al borde de un salto sobre un cuerda floja 

 y salto, hacia un minuto más, mientras caigo miro las horas que vienen 

se que volverán a detenerse los relojes, volveré a olvidarme de mi, a perderme,  

a pararme en la cuerda floja y volveré a obligarme a tomar una decisión 

que podré acabar mi vida en otro momento o saltar hacia un minuto nuevo 

y salto  

hacia una vida que no conozco, que no es la misma, que es una nueva hora 

que no es momento de un punto final;



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