Javier Arias

ADios

ADios... ADios... ADios...

Varias veces lo dijiste,

así como de pasada,

sabiendo desde muy dentro

lo que con ello ocultabas.

 

ADios... ADios... ADios...

casi en rezos repetiste,

invocando a nuestro Padre,

que no tuvo culpa de nada.

Fuimos tú y yo los culpables.

 

A Dios, a Dios, a Dios,

según tú lo propusiste,

diciéndome con soberbia

que no querías estar triste.

Que ya no querías sentirme.

 

Pues bien, ahora soy yo el que lo dice:

adiós, adiós, adiós...

Pero no pensando en Dios

como tú lo hiciste...

Yo pienso en tu muerte.



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