Jorge Garcia de la Fe

El hambre de mi cuerpo, el laberinto

El hambre de mi cuerpo, el laberinto,

la grulla de Japón se contorsiona

en mi kimono. Eros no perdona;

abre las puertas de un nuevo recinto.

 

Casi Julián me llamo; Jorge, abjuro.

Deslumbra la visión del candelabro;

el sibarita se va al descalabro.

Las golosinas de alabastro puro;

 

palabras que me incendian y me encienden:

la lengua, el labio, el muslo, la lujuria,

la carne en remolinos, tanta furia;

 

los ángeles que gimen y no entienden.

Yo me olvidé de qué vendrá y qué hubo;

por un momento el tiempo se detuvo.

 



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