Oscar Perez

Las citas del mañana

Las citas del mañana

 

Bebiendo el vino de sus propios cuerpos,

probando uno en el otro el traje de sus propias pieles,

amaneciendo sin más luz que sus pupilas al mirarse

y sin más mundo que la propia realidad de estar desnudos,

así comenzarán aquellos días en que me ames,

así terminarán aquellas noches en que vuelvas,

después de un día agitado, después de mil miserias

como las que los hombres crearon para odiarte.

Así regresarás, hecho pedazos por el tedio,

descrito en alfileres en que clavan tu prontuario,

gastado, lejos, desarmado hasta en tus sombras,

pero sediento al fin de recobrar el viejo aliento.

Así nos morderán los asesinos de estos tiempos,

los guardias del control, de la eficacia que no sirve,

porque a más pulcra la joya más rotos van los dedos

del anónimo joyero que hizo luz de su jornada,

más mísera la fe con que pulió lo que era de otros,

más sangre en el cajón de los cajeros que sonríen

y entregan los millones que nunca serán suyos

y envidian sin saber si en casa todo está en su sitio

o si habrá alguien al volver o en esa cita que forjaron.

Así regresarás, no desde el cielo ya perdido,

sino desde las calles en que el hombre eleva torres,

o vende pantalones, fríe churros y se esconde

con su dolor debajo de su traje inmaculado.

Así me desearás mientras los perros te persigan,

mientras al cuello lleves ese collar que te distingue,

que no elegiste para nada, pero que usas porque de otra

manera el carcelero te hará trizas sin excusa,

te va a lanzar al patio de los desechos de la especie,

allí donde el invierno es el único abrigo de las almas

y donde el soñador no se colgó porque hasta eso

es un mal sueño extraño y prohibido en las ventanas.

Seremos, pese a tal paisaje de miserias,

los dos para los dos y el resto un sólo condimento,

veremos si hay lugar desde esos besos para el mundo,

veremos si este mundo no se convence de olvidarnos,

veremos si este ardor nos pide más que lo que somos.

Queremos paz y azul para los torvos pasajeros,

queremos sal y amor para los campos desolados

y un huerto en que volver por cada flor y sus espinas

y un sitio en el mantel para un florero de once rosas.

Sonriendo me hallarás, pese al rencor que se entreteje,

besándonos se irán las incidencias de la muerte

y a solas bailaremos con la orquesta hecha de sueños,

hasta que el sol permita que en todas partes yo te bese

y que bajo este dintel de la mañana celebremos.

 

http://fuerteyfeliz.bligoo.cl/

 

02 08 15



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